Alma Gemela

(Este artículo fue originalmente publicado en la sección Estilos De Vida del Periódico La Opinión Universitaria, en Marzo de 2004)

Hace unos días, estaba en mi recámara, acomodando unos discos compactos y me encontré uno de Flans, decidí recordar viejos tiempos y una canción me trajo varios pensamientos: Alma Gemela ( la primera estrofa de esa canción dice: “Alma Gemela ¿dónde estás? Te siento cerca, cada vez más …” ¿recuerdan? )

No pude evitar pensar ¿en qué lugar se encontrará mi alma gemela? ¿la habré conocido ya?¿estará frente a mi nariz y yo ni por enterado? ¿en verdad existe un alma gemela para cada uno de nosotros? ¿existirán más?

Definitivamente, esta expresión es muy habitual, la escuchamos casi desde que nacemos y casi por obligación ( no me gusta la palabra, pero no encuentro un sinónimo más amable ), buscamos nuestra Alma Gemela por doquier… en la escuela, en un café, en un antro, en un partido de football, en el supermercado, incluso en la iglesia. La búsqueda parece interminable, cuando por fin creemos encontrar nuestra “mitad”, resulta que no lo era…tan sólo fue una ilusión.

Precisamente ese día ( cuando escuché el disco de Flans ), intuí que había encontrado ya muchas almas gemelas… Las he encontrado en muchísimos lugares y circunstancias, algunas han llegado para quedarse, otras se han desaparecido temporalmente.

Cuando encuentras a una persona ( sea hombre o mujer ) que le interesa lo mismo que a ti, que disfrutan del mismo comercial de TV, la misma broma estúpida, cuando llegan a decir una frase al mismo tiempo o cuando ambos se sienten tristes o alegres por lo que le pasa al otro, decimos que es nuestra Alma Gemela (o como diría Fey, “la media naranja”).

Al paso de los años, nos damos cuenta que las relaciones son mucho más complejas de lo que pensábamos, que deben nutrirse como a un bebé al nacer, que para que sean duraderas les debemos prestar la atención necesaria. Probablemente al hacernos más grandes y experimentados, nuestros círculos sociales disminuyan en sus integrantes, seguramente quedarán los que en verdad “aguantaron vara” a través del tiempo, los que están contigo en las malas y en las peores. Nuestra Alma Gemela permanece, si bien nos va, puede ser un amigo(a), un(a) novio (a), incluso algún pariente; el rol que juega esta persona tan especial es trascendental en nuestra vida, si corremos con suerte, pasarán los años y nos saldrán miles de canas juntos (bueno, canas pintadas de güero o negro azabache… para recuperar la “juventud”) y ahí estaremos, juntos para lo que sea.

En materia amorosa, no creo haber encontrado aún mi tan nombrada Alma Gemela, más bien he encontrado gente muy similar a mí, pero que por desgracia o fortuna, se han marchado. Supongo que la mayoría se ha sentido así ¿o me equivoco? Buscas y buscas, y nada que encuentras… Dicen que cada quien tiene su “igual” en esta vida, el problema es encontrar a esa persona que nos llene de mil y una emociones ( aunque puede resultar fatal que, por ejemplo, Sergio Andrade encuentre su Alma Gemela… ¿Se imaginan, no uno, sino DOS desgraciados de esa calaña? ¡qué impresión! ).

La búsqueda es interminable, lo puedo constatar en que la mayoría de la población adulta es soltera, en que los antros están repletos de gente “en-busca-de” (no me refiero a sexo, eh!), en que cada vez hay más suicidios el famoso Día de San Valentín, a causa de no encontrar a su Alma Gemela.

Creo firmemente que, si nos aferramos a encontrar sólo una persona que nos llene al 100%, nos quedaremos buscando hasta el fin de nuestros días. Sería mejor aprovechar lo que cada una de las personas que nos rodea tienen que ofrecernos, con lo que cada uno, a su estilo, contribuye a la construcción del existir.

Almas Gemelas, hay muchas, no es que “las sintamos cerca cada vez más”, es que están junto a nosotros… Es que al sentir su ausencia, nuestros vacíos se agrandan más y más… No me atrevería a decir “ ¡Dejen de buscar a su Alma Gemela! “, porque yo sería el primero en desobedecer, la lucha es constante y parece infinita, pero estoy completamente seguro que, más temprano que tarde, toca a tu puerta ( con la seguridad que ofrece Domino’s…¡casi!)

¿Dónde andarás mitad de mi?… ¿Dónde andarás?

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Madre Imposible

Estoy de acuerdo con que criar a un hijo solas, porque el “cabrón” sólo sirvió para fecundar y se acabó, haya sido una labor admirable. Aplaudo esos “ovarios”, de todas las mujeres que lo hacen.

Sólo estoy en desacuerdo con que en el Día del Padre se les felicite, es cuestión sexista -de equidad, más bien – y es en “contra” de los hombres, para variarle un poco.

El día de las madres JAMÁS ves (o das) felicitaciones a aquellos padres solteros, que también los hay, y que criaron a sus hijos solos. ¿Ellos también son las mejores “madres” entonces, no?

Incluso, de estos sujetos precisamente se dice SIEMPRE: “Ay, debería casarse de nuevo, el amor y cuidado de una madre para sus hijos y él NUNCA SERÁ REEMPLAZADO”… … …

Usualmente lo dicen MUJERES (sí, esas que en otras circunstancias deben entonces ser aplaudidas porque ellas si lo hicieron solas ¿Doble moral? ¡CLARO!) y ahí está el conflicto de esta situación a la que le llamo “mame”. NO ES JUSTA, ES, EN TODO CASO, OFENSIVA TAMBIÉN PARA EL HOMBRE.

Soy un hombre -que además ama y está con otro hombre – que si en algún momento decide tener hijos, los criaré y una mujer sólo servirá para su fabricación; en tal caso, no quisiera que el Día Del Padre mis hijos SUFRAN (porque sí, lo hacen, estas fechas también son recordatorios de lo que NO tuviste o falló, seamos realistas) porque no tuvieron una mamá.

Seré su padre, pero JAMÁS seré su madre, y mi tarea será inculcarles cada día que NO HAY NECESIDAD NI OBLIGACIÓN DE QUE YO O SU OTRO PADRE SEAMOS UNA “MADRE IMPOSIBLE”.

¡Con su padre y con su otro padre deberá ser suficiente!

Si me salen con que “Ay pobrecitos niños, crecieron sin una mamá, pero tú supiste ser los dos muy bien eh…” ¡¡¡les parto la madre!!!

Se es padre o madre, pero jamás los dos. Y tener ambos o sólo uno es mérito suficiente. No le veo el punto el querernos “sustituir” tan sólo porque los roles sociales “así lo dictan”.

Respeto y admiro a las madres y los padres que están solos o acompañados, pero no estaré jamás de acuerdo, y lo haré notar siempre que sea necesario, que si nos toca hacerlo solos, NO ES PORQUE JUGUEMOS AMBOS ROLES, PUES NO LO SOMOS NI LO SEREMOS JAMÁS.

YO QUIERO QUE MIS HIJOS ME FELICITEN EL DÍA DEL PADRE, SÓLO A MI Y A SU OTRO PAPÁ.

¡NADA DE TARJETAS DE PADRES VESTIDOS DE SEÑORA!

EN ESE CASO, HASTA NOS DIRÍAN “RIDÍCULOS” (O PEOR, PLEONASMOS ESTÚPIDOS) LO HAN HECHO Y ESO SI ME ENFADARÍA MUCHO.

SI DE POR SI TENEMOS QUE LIDIAR CON AQUELLA PENDEJA E INAPROPIADA PREGUNTA: “¿Y EN SU RELACIÓN, QUIÉN ES LA MUJER? ¿QUIÉN SERÁ LA NOVIA EN LA BODA?” ¡PUES NINGUNO PENDEJO (O PENDEJA) IGNORANTE, PORQUE LOS DOS SOMOS HOMBRES … TE EXPLICO: PENE, PENE, VAGINA… IMPOSIBLE.

Y QUE EL DÍA DE LA MADRE, EN VEZ DE PENSAR CON RESENTIMIENTO -PORQUE SEGURO ASÍ SERÁ- EN ESA MUJER QUE LOS HIZO Y LUEGO LOS ABANDONÓ PARA DARLOS EN ADOPCIÓN CONMIGO Y SU OTRO PADRE (EL EQUIVALENTE AL PAPÁ QUE “SALIÓ POR CIGARROS Y NUNCA VOLVIÓ”) PIENSEN SÓLO EN AQUELLA MUJER QUE AYUDÓ A DARLES VIDA, PERO QUE POR FAVOR NO NOS FELICITEN POR HABER SIDO TAMBIÉN SUS “MAMÁS”… ESO, REPITO, SERÀ IMPOSIBLE.

WITH DAD & DADDY ALONE SHOULD BE MORE THAN ENOUGH!

Cien Meses

CIEN MESES

Llegaste de noche
En el momento ideal
Eras tú, lo sabía, nadie más
Nos dejamos de rodeos
y me pediste ser algo más
Me dijiste que me quieres
Me dijiste “eres mío, yo te encontré”
Y así fue como de ti me enamoré

Nos pasaron días de calor
Días de invierno y de dolor
Juntos iniciamos un hogar
y me seguiste corazón
por la ciudad y por el mar
por convicción y por pasión

Y cada mes, cada día seis
lo celebramos
Y cada vez, cada que ves
yo TE AMO más

Cien mi vida, van cien
los cuento como siempre
con la emoción del primero
con la ilusión del primer te quiero
y cada mes, cada día seis
yo TE AMO más.
❤️
-Elesban Espinosa

El Lado Izquierdo De Su Corazón y De Su Cama

Febrero 13, 12:34 P.M.

Todos haciendo sus planes para mañana y restregándolos en la cara, sin querer queriendo, de aquellos que sin un perro que nos ladre tendremos que pasar otro Día de San Valentín solos con nuestra soledad…

Abres “el Face” y todas las publicaciones te parecen un indicativo de otro nuevo fracaso. Y claro, ahí estás, torturando tu pobre alma, flagelando tu frágil autoestima y ruegas al cielo por un milagro que bien sabes, no sucederá.

5:43 P.M.

Intentas hacer planes, planes con aquellos que se encuentran como tú; con aquellos que le han dado tal importancia a lo que no tienen que cualquier signo de emparejamiento se siente peor que una mentada de madre.

Abres “el Whatsapp” y cada mensaje sigue con su respectiva palomita. Sola como dedo, como tú. Ninguna respuesta llega, ninguna se confirma y confirmas pues que, en efecto, como el dedo de en medio te has quedado y que nadie muestra mucho interés en salir a recordar el infortunio de la soltería anualmente pintada de rojo pasión o rosa pastel.

11:12 P.M.

La hora y el minuto del deseo ya pasaron. Con tanta fuerza lo deseaste que hasta una lagrimita te salió. Te asomas por la ventana y una estrella también se asoma contigo, parece que coinciden, parece que se siguen. Tú crees que anda ahí afuera perdida sin tener en quien brillar y tú, ahí tan solo en tu cuarto obscuro, sin siquiera una velita encendida para alumbrar.

Abres “el Twitter”, escribes y borras, escribes y vuelves a borrar. No te alcanzan 140 letras para todo el silabario que vas cargando, te sobran ideas, te sobran palabras de amor, pero te falta tu mitad.

14 de Febrero, 12:01 A.M.

“I’m a creep, I’m a weirdo.

What the hell am I doing here?

I don’t belong here…”

Sonaba en el fondo un viejo cassette que grabaste hace décadas, lo grabaste cuando ibas en la secundaria, cuando empezabas a beber y a fumar, cuando empezaba el dolor del corazón, cuando pensabas encontrar a alguien bueno que te amara de verdad.

Robaste un pedacito de la canción de Radiohead, es como si Thom Yorke la hubiese escrito para ti. Siempre lo pensaste desde que tenías 13 y ahora a tus 33 no se te ocurrió algo mejor que tuitear más que eso: “Aquí no pertenezco.”

6:54 A.M.

Despertaste, en la cama de un adulto, de un desconocido que ha elegido dormir siempre del lado derecho del colchón, guardando celoso el lado izquierdo de su corazón y de su cama.

Nadie ha llegado, ni pidiendo el deseo a la solitaria estrella. Nadie que valga el viaje, nada que lo entretenga.

11:11 P.M.

El día se va, la noche ha llegado. Casi no dijiste nada, pasaste las horas como en automático. Intentaste sonreír pero hasta la mueca te dolía, te dolía otro año, otra vez, otro fracaso.

Está en ti, seguir así o seguir con tu corazón fuerte al lado. Has desperdiciado a tu mejor compañía por casi veinte años, a tu mejor aliado; has deseado tanto una mitad que nunca reparaste en pensar que ya estaba todo completado. Diste toda la importancia a un solo tema y olvidaste todos los demás.

Casi termina el día y ahí estás, en el lado derecho de la cama pensando sin cesar en si habrá alguien allá afuera que te ama. Casi termina la fecha que más temes enfrentar, la que todos te recuerdan, la que insistes en fijar.

Te das cuenta, justo antes de los ojos cerrar que no tiene caso tener una cama tan amplia y sólo en un lado soñar.

¿De verdad me concentré tanto en lo que no tengo, tanto en quien no me ama, que olvidé disfrutar todo lo demás?

Al carajo,

¡Desde hoy me duermo justo a la mitad de la cama!

-Elesban Espinosa.

Treinta y Dos

A mis treinta y dos años, hay algunas cosas que he querido decir y no he podido por alguna u otra razón. Por eso, relevantes o no, aquí están y si alguien las lee, me conocerá mejor; si se relaciona con alguna en especial, pues tendremos algo en común.

1.- Últimamente, mi concepto de “Dios” ha estado con constante cambio. Creo, pero no creo. Creo que existe, pero no como queremos – o como me lo enseñaron desde niño.

2.- Extraño a mis papás, a mis hermanos y sentirme en una familia equilibrada; feliz recuerdo que algún día así fue.

3.- El amor me llegó de sorpresa y cada día que ha pasado, ha nutrido gran parte de mi ser. Hace ocho años no habría imaginado tener y disfrutar una relación así de estable. Sí se puede tener, definitivamente.

4.- Soy fijado en detalles, a veces absurdos. Doy la imagen de que me gusta el drama, cuando en verdad lo repudio. Mientras más simple sea mi vida, mejor, sin perder de vista que incluso lo más pequeño es a veces lo más importante.

5.- Ya tengo iPad y no la uso tanto. ( https://elesbanespinosa.wordpress.com/2013/02/21/no-tengo-ipad/ )

6.- Vivo donde quiero, aún no hago lo que quiero.

7.- Si fuera una droga, el queso en cualquiera de sus formas, sería como “mi cocaína”. Y para esta adicción no hay clínica.

8.- Traté de buscar nuevos amigos, encontré en la mayoría de los casos que si me caso, entonces no quieren tener nada que ver conmigo.

9.- Algo o muy bueno, o muy malo debo tener. Usualmente me siento como en medio de un desierto, sin saber a dónde ir y eso le pasa a los genios o a los estúpidos.

10.- De Puebla extraño la comida, saber a dónde ir por algún antojo – de cualquier tipo. Extraño su cielo azul, los volcanes con nieve y con las siluetas que sólo vistas desde ese lado, asemejan a su leyenda; pero nada más. Nada.

11.- Creo en la suerte. Naces con o sin ella. Creo en que haya quienes intentan obstruiría mágicamente, aunque de la misma forma creo que puedo identificar a esas personas y mantenerlas a una buena distancia, porque soy mágico también.

12.- Ya viví un “divorcio”. Fue de mis padres, más no el de ellos como pareja precisamente. Fue doloroso, devastador y triste.

13.- Me importa lo suficiente el “qué dirán”. He vivido años bajo su sombra, una que me ha dejado solo en muchos momentos.

14.- Dejar de ser quien soy y cortar mis verdaderas formas con el afán de “encajar” nunca ha resultado la mejor opción.

15.- Conozco el sabor de la traición, me lo tuve que tragar sin más. Guarde su esencia y sabor para acordarme bien de jamás darlo a probar.

16.- Me daba miedo que un cristal se hiciera pedazos en mi cara. Me sucedió ya y el miedo ese sigue ahí.

17.- Siempre he querido un tatuaje. No he encontrado aún alguna parte de mi cuerpo en donde en verdad me lo quiera poner.

18.- ” Creo que alguna vez fui infiel, juego mal hasta el Parqués …” Y me baño todo los días sin falta.

19.- Soy diplomático pero no hipócrita. La sonrisa me brota a placer, no a compromiso.

20.- Nunca me he vengado de alguien, y no por falta de ganas o de alguien, sino por exceso de conciencia.

21.- Soy clasicista y racista, trato de respetar a todo el mundo aunque exasperen mis nervios.

22.- No creo en el matrimonio, pero vivo en una relación que se le parece mucho. Creo más bien en el compromiso. El otro, con todo y papel y juramento, es al final innecesario.

23.- Temo que de tener hijos, puedan arruinarles la vida mi necesidad de ser padre, junto con la intransigencia de otros.

24.- Me molesta que la gente tenga mascotas – aunque las cuiden bien – pues supongo que sí fuera al contrario, me encantaría escuchar su opinión acerca de estar ahí encerrado, cautivo y listo para entretener.

25.- Cuándo beso, beso con los ojos cerrados. Cuando veo, veo directo a los ojos.

26.- Soy parecido a tantos, pero tan diferente a todos. Soy el que parece y no es. El que es lo que en verdad pocos saben y ven.

27.- No creo en las amistades eternas ya, creo que somos arreglos convenientemente temporales.

28.- No me da miedo morir, me da miedo que duela.

29.- Aprendí a perdonar desde el fondo, pues en el fondo realmente siempre he estado en pie.

30.- Cuándo me vaya, que me velen con música y que ofrezcan buena comida; luego que me cremen y me pongan para llevar, por favor.

31.- Nunca he estado solo, pero sí me he sentido solo y eso es peor.

32.- Las altas expectativas y la ilusión del control es mejor que las deje atrás, antes de que me sigan quitando la paz.

– Elesban Espinosa

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Mi Mundo, Mi Clase Media

Es una chica de 20 años, a la mitad de su carrera. La suerte no sonríe, el dinero no le alcanza y la vida se le altera. Una escuela privada fue la mejor opción para ella, pues es bien sabido que son las que mejores contactos ofrecen con ciertas carreras. Ni era la más cara, ni la peor; ni ella era la burra del salón. La cartera de sus padres no alcanzó para seguir pagando, la cartera de la clase media ya no se puede dar ni siquiera el lujo de la privada educación.

Excelente promedio el de ella, por lo que una beca pidió. Fue un trámite tras otro, una entrevista lo que siguió. La decisión era no sólo con base a su calificación, sino al estudio socioeconómico que su sueño destruyó.

“Lo lamento señorita, pero usted no califica para una beca del Estado… ¡Mire nomás! Tiene lavadora, secadora y microondas ¡Eso no es pobreza extrema! Y si puede pagar estos artefactos de lujo, también debería poder pagar la universidad…”valiente respuesta dio la trabajadora social, ante la aparente vida opulenta que lleva esta chica que ha vivido veinte años en la clase media.

Intentó conseguir trabajo, de lo que seacomo todos te recomiendan cuando no lo tienes y ellos sí – pero ni los horarios ni las monedas se podían cubrir ni medianamente bien. En la escuela de ocho a cuatro, pero entrando a trabajar de tres a diez, de Lunes a Domingo con un día de descanso, como ya se ha vuelto costumbre en este país.

“Lo lamento jovencita, pero si usted falta a la última clase tres días a la semana, aunque sea por trabajar, no podrá presentar exámenes finales ¡Aquí no estamos a su disposición! Es cuestión de decisión: O estudia o trabaja, pero aquí no se pueden las dos…”clemente respuesta dio la directora de la institución educativa, pues a quién se le ocurre quedarse de repente pobre y no poder pagar la escuela privada que hace dos años eligió.

Es un hombre de 30 años,  con su carrera terminada, graduado con honores de una de las mejores universidades del país. Nunca fue rico, ni su familia, ni sus amigos; todos de la pretenciosa y soñadora clase media. Siempre atendió a escuelas privadas, siempre fue un buen alumno. El camino no estaba pavimentado especialmente para él, pero su educación se supone que le ayudaría a conseguir ese “buen trabajo” para “esa buena vida” que todo “buen hombre” debe tener.

El plan estaba trazado: Terminar de estudiar a los veintidós, viajar un año por prácticas profesionales, conseguir un trabajo ejecutivo junior y subir. Para eso lo educó esta escuela teóricamente, para no tener que mostrar tantas tarjetas de presentación.

Tocó puertas desde días antes de salir del cascarón, tocó y las tocó fuerte, con su mejor sonrisa de veinteañero. Las pocas puertas que abrieron, se burlaron en su cara de sus honores y su tarjeta de presentación.

“¡No mano! Aquí no queremos a los de tu universidad porque todos son unos hijos de papi que quieren luego luego llegar a ser el director… Déjanos tu currículum y luego te hablamos.”inteligente respuesta por parte del reclutador, quien asumió que este joven es un “hijo de papi”, sin antes siquiera investigar que “papi” era un asalariado regular de clase media que trató de darle la mejor herencia a su hijo: Buena Educación.

Se le fue una década intentando subir, picando piedra como se supone que debe ser. De un trabajo malo a otro peor. Donde el nombre de una escuela no pesó, pesó la razón verdadera de salir con honores de ella, su gran talento y su alta dedicación. Él cree que no es importante el nombre del puesto que tenga la placa de su escritorio – de tener una – sino que haga lo que le apasiona y para lo que es bueno, obviamente con la correspondiente remuneración – pues hay que pagar renta y comer y vivir.

“¡No mano! Aquí ya no aceptamos a gente con tanta experiencia… Yo soy menor que tú y te me vas a querer subir al escritorio en poco tiempo. Déjanos tu currículum y luego te hablamos.” – alentadora respuesta por parte del reclutador, quien no se da cuenta que el tiempo vuela y en un parpadeo tienes treinta y tantos;  y de no llegar al codiciado puesto es tus “tes”, menos lo podrás hacer en tus “tas”. Gente como él, se encargará de que así suceda.

Son una pareja de 60 años, los acaban de cumplir. Él Ingeniero Civil, ella Contadora. Trabajaron desde muy jóvenes, desde muy jóvenes perdieron el miedo a salir y buscar. Ambos de clase media también, educados para valerse por sí mismos, pues sus padres no tuvieron ni educación ni mucho dinero para heredarles. Se casaron a los veintiocho, ya cuando sabían más de la vida. Tuvieron hijos y les inculcaron el valor de estudiar y trabajar. Nadie te regala nada, eso lo aprendieron mucho tiempo atrás.

Mandaron a sus hijos a la escuela, cumplieron con su parte. Los ahorros de su vida los invirtieron hace poco, en sus cincuentas, y como en el juego y el azar, la vida nunca te predice cuándo te irá bien o te irá mal. Mal fue como les fue, perdieron todo, se endeudaron y hoy, vas a su departamento y en el refrigerador no hay nada que comer.

Sus hijos no los mantienen, no por desconsiderados o desgraciados, sino porque apenas si les alcanza el sueldo para mantenerse a ellos y sus familias. Ninguno tiene el trabajo soñado, no se los compró la buena educación; eso no pasa en la clase media. O compras con tu quincena jamón, o compras jabón. A veces los dos no se pueden.

“¡No señor! Aquí ya no aceptamos gente de su edad, ya tiene sesenta, ya debería mejor jubilarse y vivir de eso. Ya sé que puede muy bien con el trabajo, pero es que la edad…  Ya mejor vaya a disfrutar sus años dorados…”atinada respuesta dio el patrón, veinte años menor, quien cree que este señor recibirá decenas de miles de pesos de pensión e ignora que a los sesenta aún tiene que pagar por comida, por vivienda y llegó a pedir trabajo en camión.

Los dos usan celulares, manejan el auto que les queda – el cual está en el taller y no han podido sacar, pues no tienen dinero – y hasta saben usar Facebook. No son el estereotipo de personas sexagenarias que teníamos cuando éramos niños. Son fuertes, inteligentes y capaces de muchas cosas aún. Y aún necesitan trabajar para vivir, pues no todos en la vida y a su edad pudieron ahorrar, para ahora tirarse a disfrutar sus años dorados. No todos en la clase media tienen el éxito que nos hicieron aprender a creer.

“¡No señora! Aquí ya no aceptamos viejitas… ¡Ni de sirvientas las quieren! Ya sé que necesita dinero para comer y eso, pero no se me vaya a morir aquí o algo así… No, no, no, ni lo permita Dios…”desgarradora respuesta dio aquella mujer  de la mansión, ignorando que aquella “casi viejecita” a la que le acababa de cerrar la última puerta, aún tiene fuerza, mucho porte y calza unos zapatos de 8 centímetros de tacón.

Mi mundo, mi clase media.
La que te ofrece cúspide y a la mitad se encela.
La que te pinta un mundo de color y apaga la luz pa’que no veas.

Mi tierra, mi clase media.
La que no ensucia trabajando el campo, pero mata luchando en la ciudad.

Parados aquí en medio estamos, a nosotros los más no nos ven.
No somos lo suficientemente pobres para obtener ayuda del Gobierno
ni lo suficientemente ricos para trabajar y vivir de él.

Mi mundo, mi clase media.
En la que si vas pa’bajo, te considera mediocre y perdedor.
En la que si vas pa’rriba, te menosprecia y trata de lo peor.

Estamos aquí y estamos de moda, y de moda pasamos.
Somos un producto más, con fecha de caducidad en esta clase social.

– Elesban Espinosa

¡Se Pronuncia E L E S B A N !

Eligieron mis padres como mi primer nombre el segundo de mi padre, quien nació un 27 de Octubre. Como era costumbre en los años 50’s, se bautizaba a los hijos de acuerdo al Santoral.
El que le tocaba oficialmente era “Florencio” –que es el que aparece en la mayoría de los calendarios– pero a mis abuelos les pareció muy feo, por lo que prefirieron mejor uno raro.

Durante mi niñez, desarrollé dos personas, pues en la casa y con la familia era Javier (o Javi, más en confianza); mientras que en la escuela y con mis amigos era Elesban.

Aunque era un nombre inusual, para mis compañeros no resultaba así, pues éramos una comunidad rara de por sí (Niños Montessori) y tener un nombre así, ahí, era lo común.

Al entrar a la Secundaria (y sus subsecuentes grados) sólo fui Javier. Ocasionalmente algunos maestros me llamaban por mi primer nombre, pues decían que se les quedaba más . Pero las constantes equivocaciones en su pronunciación me hicieron evitarlo en medida de lo posible.

“Esteban”, “Eslesban”, “Elesbian” fueron los más comunes errores. Molestos, sumamente molestos, pues denotaba sólo su estupidez para leer bien.

Muchas veces me pregunté si usaría para algo mi primer nombre, incluso mi segundo apellido – pues es una verdadera pena que casi todos termos que “desaparecer” el rastro maternal – y al buscar un seudónimo como escritor, encontré que Elesban Espinosa tenía un buen sonido ¡Si se pronuncia bien!

Por eso, hice esta casera grabación, para dejar claro cómo me pronuncio.

*Elesban: De origen Eslavo, que significa “El que trajo la luz”. El santoral se lo atribuye a San Elesban, antiguo rey de Etiopía, quien salvó a su pueblo de calamidades y se volvió santo.
“Elesban, Rey Vencedor”