El Lado Izquierdo De Su Corazón y De Su Cama

Febrero 13, 12:34 P.M.

Todos haciendo sus planes para mañana y restregándolos en la cara, sin querer queriendo, de aquellos que sin un perro que nos ladre tendremos que pasar otro Día de San Valentín solos con nuestra soledad…

Abres “el Face” y todas las publicaciones te parecen un indicativo de otro nuevo fracaso. Y claro, ahí estás, torturando tu pobre alma, flagelando tu frágil autoestima y ruegas al cielo por un milagro que bien sabes, no sucederá.

5:43 P.M.

Intentas hacer planes, planes con aquellos que se encuentran como tú; con aquellos que le han dado tal importancia a lo que no tienen que cualquier signo de emparejamiento se siente peor que una mentada de madre.

Abres “el Whatsapp” y cada mensaje sigue con su respectiva palomita. Sola como dedo, como tú. Ninguna respuesta llega, ninguna se confirma y confirmas pues que, en efecto, como el dedo de en medio te has quedado y que nadie muestra mucho interés en salir a recordar el infortunio de la soltería anualmente pintada de rojo pasión o rosa pastel.

11:12 P.M.

La hora y el minuto del deseo ya pasaron. Con tanta fuerza lo deseaste que hasta una lagrimita te salió. Te asomas por la ventana y una estrella también se asoma contigo, parece que coinciden, parece que se siguen. Tú crees que anda ahí afuera perdida sin tener en quien brillar y tú, ahí tan solo en tu cuarto obscuro, sin siquiera una velita encendida para alumbrar.

Abres “el Twitter”, escribes y borras, escribes y vuelves a borrar. No te alcanzan 140 letras para todo el silabario que vas cargando, te sobran ideas, te sobran palabras de amor, pero te falta tu mitad.

14 de Febrero, 12:01 A.M.

“I’m a creep, I’m a weirdo.

What the hell am I doing here?

I don’t belong here…”

Sonaba en el fondo un viejo cassette que grabaste hace décadas, lo grabaste cuando ibas en la secundaria, cuando empezabas a beber y a fumar, cuando empezaba el dolor del corazón, cuando pensabas encontrar a alguien bueno que te amara de verdad.

Robaste un pedacito de la canción de Radiohead, es como si Thom Yorke la hubiese escrito para ti. Siempre lo pensaste desde que tenías 13 y ahora a tus 33 no se te ocurrió algo mejor que tuitear más que eso: “Aquí no pertenezco.”

6:54 A.M.

Despertaste, en la cama de un adulto, de un desconocido que ha elegido dormir siempre del lado derecho del colchón, guardando celoso el lado izquierdo de su corazón y de su cama.

Nadie ha llegado, ni pidiendo el deseo a la solitaria estrella. Nadie que valga el viaje, nada que lo entretenga.

11:11 P.M.

El día se va, la noche ha llegado. Casi no dijiste nada, pasaste las horas como en automático. Intentaste sonreír pero hasta la mueca te dolía, te dolía otro año, otra vez, otro fracaso.

Está en ti, seguir así o seguir con tu corazón fuerte al lado. Has desperdiciado a tu mejor compañía por casi veinte años, a tu mejor aliado; has deseado tanto una mitad que nunca reparaste en pensar que ya estaba todo completado. Diste toda la importancia a un solo tema y olvidaste todos los demás.

Casi termina el día y ahí estás, en el lado derecho de la cama pensando sin cesar en si habrá alguien allá afuera que te ama. Casi termina la fecha que más temes enfrentar, la que todos te recuerdan, la que insistes en fijar.

Te das cuenta, justo antes de los ojos cerrar que no tiene caso tener una cama tan amplia y sólo en un lado soñar.

¿De verdad me concentré tanto en lo que no tengo, tanto en quien no me ama, que olvidé disfrutar todo lo demás?

Al carajo,

¡Desde hoy me duermo justo a la mitad de la cama!

-Elesban Espinosa.

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Mi Mundo, Mi Clase Media

Es una chica de 20 años, a la mitad de su carrera. La suerte no sonríe, el dinero no le alcanza y la vida se le altera. Una escuela privada fue la mejor opción para ella, pues es bien sabido que son las que mejores contactos ofrecen con ciertas carreras. Ni era la más cara, ni la peor; ni ella era la burra del salón. La cartera de sus padres no alcanzó para seguir pagando, la cartera de la clase media ya no se puede dar ni siquiera el lujo de la privada educación.

Excelente promedio el de ella, por lo que una beca pidió. Fue un trámite tras otro, una entrevista lo que siguió. La decisión era no sólo con base a su calificación, sino al estudio socioeconómico que su sueño destruyó.

“Lo lamento señorita, pero usted no califica para una beca del Estado… ¡Mire nomás! Tiene lavadora, secadora y microondas ¡Eso no es pobreza extrema! Y si puede pagar estos artefactos de lujo, también debería poder pagar la universidad…”valiente respuesta dio la trabajadora social, ante la aparente vida opulenta que lleva esta chica que ha vivido veinte años en la clase media.

Intentó conseguir trabajo, de lo que seacomo todos te recomiendan cuando no lo tienes y ellos sí – pero ni los horarios ni las monedas se podían cubrir ni medianamente bien. En la escuela de ocho a cuatro, pero entrando a trabajar de tres a diez, de Lunes a Domingo con un día de descanso, como ya se ha vuelto costumbre en este país.

“Lo lamento jovencita, pero si usted falta a la última clase tres días a la semana, aunque sea por trabajar, no podrá presentar exámenes finales ¡Aquí no estamos a su disposición! Es cuestión de decisión: O estudia o trabaja, pero aquí no se pueden las dos…”clemente respuesta dio la directora de la institución educativa, pues a quién se le ocurre quedarse de repente pobre y no poder pagar la escuela privada que hace dos años eligió.

Es un hombre de 30 años,  con su carrera terminada, graduado con honores de una de las mejores universidades del país. Nunca fue rico, ni su familia, ni sus amigos; todos de la pretenciosa y soñadora clase media. Siempre atendió a escuelas privadas, siempre fue un buen alumno. El camino no estaba pavimentado especialmente para él, pero su educación se supone que le ayudaría a conseguir ese “buen trabajo” para “esa buena vida” que todo “buen hombre” debe tener.

El plan estaba trazado: Terminar de estudiar a los veintidós, viajar un año por prácticas profesionales, conseguir un trabajo ejecutivo junior y subir. Para eso lo educó esta escuela teóricamente, para no tener que mostrar tantas tarjetas de presentación.

Tocó puertas desde días antes de salir del cascarón, tocó y las tocó fuerte, con su mejor sonrisa de veinteañero. Las pocas puertas que abrieron, se burlaron en su cara de sus honores y su tarjeta de presentación.

“¡No mano! Aquí no queremos a los de tu universidad porque todos son unos hijos de papi que quieren luego luego llegar a ser el director… Déjanos tu currículum y luego te hablamos.”inteligente respuesta por parte del reclutador, quien asumió que este joven es un “hijo de papi”, sin antes siquiera investigar que “papi” era un asalariado regular de clase media que trató de darle la mejor herencia a su hijo: Buena Educación.

Se le fue una década intentando subir, picando piedra como se supone que debe ser. De un trabajo malo a otro peor. Donde el nombre de una escuela no pesó, pesó la razón verdadera de salir con honores de ella, su gran talento y su alta dedicación. Él cree que no es importante el nombre del puesto que tenga la placa de su escritorio – de tener una – sino que haga lo que le apasiona y para lo que es bueno, obviamente con la correspondiente remuneración – pues hay que pagar renta y comer y vivir.

“¡No mano! Aquí ya no aceptamos a gente con tanta experiencia… Yo soy menor que tú y te me vas a querer subir al escritorio en poco tiempo. Déjanos tu currículum y luego te hablamos.” – alentadora respuesta por parte del reclutador, quien no se da cuenta que el tiempo vuela y en un parpadeo tienes treinta y tantos;  y de no llegar al codiciado puesto es tus “tes”, menos lo podrás hacer en tus “tas”. Gente como él, se encargará de que así suceda.

Son una pareja de 60 años, los acaban de cumplir. Él Ingeniero Civil, ella Contadora. Trabajaron desde muy jóvenes, desde muy jóvenes perdieron el miedo a salir y buscar. Ambos de clase media también, educados para valerse por sí mismos, pues sus padres no tuvieron ni educación ni mucho dinero para heredarles. Se casaron a los veintiocho, ya cuando sabían más de la vida. Tuvieron hijos y les inculcaron el valor de estudiar y trabajar. Nadie te regala nada, eso lo aprendieron mucho tiempo atrás.

Mandaron a sus hijos a la escuela, cumplieron con su parte. Los ahorros de su vida los invirtieron hace poco, en sus cincuentas, y como en el juego y el azar, la vida nunca te predice cuándo te irá bien o te irá mal. Mal fue como les fue, perdieron todo, se endeudaron y hoy, vas a su departamento y en el refrigerador no hay nada que comer.

Sus hijos no los mantienen, no por desconsiderados o desgraciados, sino porque apenas si les alcanza el sueldo para mantenerse a ellos y sus familias. Ninguno tiene el trabajo soñado, no se los compró la buena educación; eso no pasa en la clase media. O compras con tu quincena jamón, o compras jabón. A veces los dos no se pueden.

“¡No señor! Aquí ya no aceptamos gente de su edad, ya tiene sesenta, ya debería mejor jubilarse y vivir de eso. Ya sé que puede muy bien con el trabajo, pero es que la edad…  Ya mejor vaya a disfrutar sus años dorados…”atinada respuesta dio el patrón, veinte años menor, quien cree que este señor recibirá decenas de miles de pesos de pensión e ignora que a los sesenta aún tiene que pagar por comida, por vivienda y llegó a pedir trabajo en camión.

Los dos usan celulares, manejan el auto que les queda – el cual está en el taller y no han podido sacar, pues no tienen dinero – y hasta saben usar Facebook. No son el estereotipo de personas sexagenarias que teníamos cuando éramos niños. Son fuertes, inteligentes y capaces de muchas cosas aún. Y aún necesitan trabajar para vivir, pues no todos en la vida y a su edad pudieron ahorrar, para ahora tirarse a disfrutar sus años dorados. No todos en la clase media tienen el éxito que nos hicieron aprender a creer.

“¡No señora! Aquí ya no aceptamos viejitas… ¡Ni de sirvientas las quieren! Ya sé que necesita dinero para comer y eso, pero no se me vaya a morir aquí o algo así… No, no, no, ni lo permita Dios…”desgarradora respuesta dio aquella mujer  de la mansión, ignorando que aquella “casi viejecita” a la que le acababa de cerrar la última puerta, aún tiene fuerza, mucho porte y calza unos zapatos de 8 centímetros de tacón.

Mi mundo, mi clase media.
La que te ofrece cúspide y a la mitad se encela.
La que te pinta un mundo de color y apaga la luz pa’que no veas.

Mi tierra, mi clase media.
La que no ensucia trabajando el campo, pero mata luchando en la ciudad.

Parados aquí en medio estamos, a nosotros los más no nos ven.
No somos lo suficientemente pobres para obtener ayuda del Gobierno
ni lo suficientemente ricos para trabajar y vivir de él.

Mi mundo, mi clase media.
En la que si vas pa’bajo, te considera mediocre y perdedor.
En la que si vas pa’rriba, te menosprecia y trata de lo peor.

Estamos aquí y estamos de moda, y de moda pasamos.
Somos un producto más, con fecha de caducidad en esta clase social.

– Elesban Espinosa

Discografía – Shakira (#MiHistoriaDeAmorConShakira)

La música se conecta al latido del corazón, directo al sentimiento y se guarda en el recuerdo. Una melodía o una canción, nos puede transportar a otro tiempo y otro lugar; cerrando los ojos, me voy hacia atrás, a ese momento que hizo latir mi corazón más fuerte, a ese instante donde sentí con notas el amor y el desamor.  

Mi historia de amor se conecta directamente con la música, si no recuerdo detalles del momento, tan sólo basta con tocar una canción para acariciar mi memoria y suspirar de nuevo. Mi historia puede parecerse a muchas, pero es única.

En esta primera parte (de tres), la relación es con Shakira, a quien conocí en tercer grado de Secundaria cuando tenía 15 años (1996), año en el que conocí también el amor. Su música y letras han acompañado casi sin querer mi evolución a través de las relaciones. Hoy, a los 31 años, miro hacia atrás y recuerdo con cariño y sonrisa el dulce sabor de un beso y el salado sabor de mis lágrimas.
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Estaba sentado sobre el escritorio entre clase y clase, contemplando el ruido que hacían todos mis compañeros mientras cambiábamos de maestro. Llegó Diana, se acercó a mi y me dijo:
– ¡Escucha esta canción! – Quitándose uno de sus audífonos, al tiempo que le subió al volumen.
– ¡Está padre! ¿Quién es? – Pregunté mientras trataba de poner un poco de atención.
– Una nueva, Shakira, la rola se llama “Estoy Aquí” ¿No la has escuchado en el radio?
– No, pero me gusta…
– Te dejo el Walkman, pero cuidado que no te lo vaya a quitar Miss Laura… – se quitó el otro audífono, se dio la vuelta y salió rápido del salón para entregarle una tarea atrasada a la maestra que venía.

Con el debido cuidado y sigilo, me quedé escuchando el cassette toda la hora de clase de Español III. Miss Laura nunca vio que tenía puestos los tan vetados audífonos durante su cátedra y lo agradezco, pues como casi nunca, presté mucha atención a la grabación completa. Me pareció muy buena, un poco lenta en algunas canciones pero en general de mi agrado. El uso de guitarras acústicas y la voz potente de esta nueva cantante me parecían sumamente interesantes.

A los pocos días, presté atención al radio, sonaba ese primer sencillo constantemente y pronto casi todos en el salón sabíamos quién era Shakira. Nos gustaban las letras, eran audaces, diferentes a lo que se escuchaba en el pop en Español de ese tiempo. Nos gustaban la frescura y el romanticismo que tenían casi todas las canciones – pues pronto hicimos copias de aquél cassette haciéndolo incluso un tema de conversación recurrente.

Las cintas nunca han sido de mi agrado, por eso de adelantar y regresar las canciones, por lo que pronto compré el CD. “Pies Descalzos” se me hacía un disco completo y redondo, de esos que escuchas de principio a fin sin adelantar, de esos que tienen algunas canciones que te atoran en el “repeat“. Contenía dos que desde el primer momento fueron especiales: “Antología”que es quizás la más entrañable para la mayoría de sus seguidores, por el contenido tan empático y doloroso en términos de amor y fin de una relación significativa – y “Quiero”.

Yo la veía de cerca, me sentaba a un lado de ella desde el primer grado. Desde el primer día me enamoré. Supe que era amor porque así se sentía, lo supe sin conocerlo, sin siquiera ser correspondido; sólo sabía que aquello de ser su mejor amigo, su fiel confidente y eterno enamorado en silencio serían la causa de muchas lágrimas, cartas sin enviar o anónimas, borracheras y dedicarle constantemente las líneas de una canción.
“Déjame quererte tanto
que te seques con mi llanto
que se nuble cada cielo
y que llueva hasta hacer charcos.
Déjame besarte tanto
hasta que quedes sin aliento
y abrazarte con tal fuerza
que te parta hasta los huesos.”

“Quiero” fue para mi la canción más significativa de “Pies Descalzos”, la que le dediqué en silencio mientras cantaba a todo pulmón mi corazón. Fue la primera vez que quise que alguien tomara mi amor y lo besara. No sucedió, fue todo lo contrario. Anabel, después de ser mi mejor amiga y la niña que amaban mis ojos, se convirtió en la que nunca nombro hasta hoy. Ella, la que en el funeral de su padre, al tratarla de consolar, me dijo “Ojalá fueras tú el que estuviera tres metros bajo tierra”. Fueron sus palabras las que rompieron por primera vez mi corazón, el cual nunca volvió a ser igual. Este es un disco que evité escuchar por mucho tiempo, me dolía casi todo, me recordaba a ella. Inevitable era, pues sonaba en todos lados, todos lo tenían. Tuve que aprender a escucharlo y a aguantarme las ganas de llorar.

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Los años de Preparatoria estaban comenzando, mi corazón era como una esponja que se exprimía con unas gotitas de alcohol. Mis amigos y yo nos reuníamos en alguna casa – usualmente en la mía – para fumar y beber, no siempre moderadamente. Platicábamos mucho, sobretodo del desamor que nos causaban “las pinches viejas“. Memorable fue nuestra primera borrachera juntos – hasta grabada está, en cassette – en la que mezclamos todo lo que pudimos, en pos de celebrar la iniciación de nuestros hígados al alcohol. Eran primero cervezas, luego Bacardí Limón, luego un sorbo de Champagne, para rematar con un fuerte Mezcal.

Estábamos en mi recámara, muy ebrios, sentados en el piso. Rodrigo y yo juntos, Christian frente a nosotros sosteniendo la enorme grabadora y narrando “jocosamente” los motivos de nuestro infortunio amoroso al compás de puras canciones tristes, mientras que Miguel dormitaba en la cama justo atrás de nosotros dos. Cantábamos, gritábamos, brindábamos y llorábamos al mismo tiempo, hasta que sonó “Antología”… ¡La insoportable! Intentamos cantarla, con harto sentimiento de adolescente borracho y despechado, íbamos bien hasta que por ahí de la mitad (“… pero olvidaste una final instrucción … oh-oh-oh …”) súbitamente se levantó Miguel de la cama y empezó a vomitarnos la espalda. Reaccionamos cuando Christian empezó a gritar “¡Miguel está guacareando! ¡Qué asco!” y de inmediato nos levantamos Rodrigo y yo, sin saber si secarnos las lágrimas, el Mezcal que regamos o el vómito que medio nos mojaba la espalda. Como pudimos, limpiamos, madreamos a Miguel y una hora después reanudamos la fiesta. Las palabras de Christian al final de la grabación fueron: “Lo que hace una canción de una vieja despechada, cantada por borrachos aún mas despechados…“, es por eso que “Antología” siempre será especial.

No controlábamos aún nuestra forma de beber, ni nuestras emociones. Teníamos 17. “Dónde están los ladrones?” era un disco esperado con ansias, Shakira ya era famosa con un solo disco y la expectativa era alta.

En ese año, me gustaba mucho una niña menor que yo. No era guapa, pero era muy simpática. Nayeli se llama. Era muy complaciente conmigo, en el buen sentido, y un gesto que valoré mucho fue que me regaló una copia grabada por ella del esperado disco, pocos lo tenían.

Llegando de la escuela, ni siquiera comí por encerrarme en mi cuarto para escuchar la cinta y ser de los primeros en dar su veredicto. Sonó bien a la primera, pero diferente y distante a “Pies Descalzos”. Tenían algunas melodías similares – como “Moscas en la casa” con “Antología” – y otras más “comerciales“, después de todo Emilio Estefan estaba detrás del proyecto y corría el riesgo de venderse al mainstream. Así fue, pero mantenía su esencia, el color negro como su cabello. Rápidamente me aprendí las letras, quizás en un par de días, de “Si te vas”, “Inevitable”, “Que vuelvas” , “Octavo día” y “Tú”mi favorita en ese momento -. Ignoré solo la penúltima canción, pues no me llamaba la atención y me daba flojera.

Sonaba fuerte en la radio “Ciega, Sordomuda”, pasaba el video en MTV y la comparaban mucho con Alanis Morissette, quien portaba un look muy similar y había tenido en su primer disco un estilo parecido al de Shakira. Nunca encontré la verdadera similitud, pues siendo fan de las dos, sus contenidos y estilos líricos son muy diferentes. Shakira, apuntaba para ser realmente un fenómeno pop, mientras que Morissette no.

Nayeli, para variar, no me peló. Usó la carta del “Eres muy lindo y te quiero como amigo“. Pero mi corazón de condominio tenía muchos prospectos, en especial una amiga. Otra mejor amiga, novia de mi mejor amigo ¡Clásico, un choque de tren esperando a suceder!

Eramos tres amigos inseparables, Juan Carlos, Alejandra y yo. Él era mi mejor amigo, lo quería mucho, compartíamos tantas cosas que salieron de control – incluso, he de confesar que mi primera gran confusión amorosa/sexual fue con él, pero nunca nada pasó.  Ale, era esa amiga en la que podía confiar, con la que podía platicar y de la que me enamoré perdidamente. Muchas veces planeé decirle, pero no quería meterme en un problema con mi amigo. Ellos tenían una relación llena de altibajos y naturalmente se separaron. Yo me encontraba en medio, pero sin moverme para uno u otro lado. Eventualmente, Juan Carlos se alejó de mi y fue más fácil así.

“Tú” era la canción que le iba a dedicar a Ale para pedirle que fuera mi novia, pero decidí (sabiamente) reservarla para otro momento. En vez de esa, tomé prestada una canción de Timbiriche llamada “Ay amor, amor” y una hoja de papel con una sentida carta declaratoria de amor. Las entregué, con mi corazón restaurado, para obtener un rotundo no. Me dolió, sí, y mucho, pero a la vuelta de la vida, creo que fue mejor sólo imaginar ese amor en la mente, que cristalizarlo ya que Ale y yo seguimos siendo amigos, ambos felizmente casados.

En el año 2000 se editó el “Shakira MTV Unplugged”, sirviendo como catapulta definitiva para su internacionalización. Todos, ya fuera de la Preparatoria, muy atentos lo vimos. Esperábamos alguna canción nueva, lo cual no sucedió. Era el “más acústico” de “Dónde están los ladrones?” prácticamente. Pero dos momentos, seguidos, fueron los que hicieron super especial este disco: Los discursos que preceden a “Tú” y “Sombra de ti”.

“Entre todos nuestros años, hay un momento en que la vida parece que se nos simplifica y dejamos de consultar las líneas de la mano, y empezamos hasta a re leer nuestros poetas favoritos; incluso a veces nos lanzamos a escribir versos y lo bueno del caso es que no nos sucede una,ni dos veces, nos sucede muchas veces… Ese es mi problema: ¡Siempre volvemos a amar!”  y empezaba una muy melancólica “Tú”, acompañada de un dramático piano y fuertes cuerdas, definitivamente el momento clímax del concierto.

Sin lograr recuperar el aliento, sin secar mis lágrimas, el siguiente discurso fue el que me hizo notar aquella canción que había por dos años ignorado vilmente.

“Esta canción nació a las cuatro de la mañana, en un estudio de grabación con la luz apagada y el corazón roto… y dice así…” y atento, por primera vez, mi corazón vibró junto con “Sobra de Ti”; la cual es mi canción favorita de todos sus discos y de la que me acabo de dar cuenta ahora, mientras la escucho a todo volumen, que es la que se conecta a ese amor convertido en sombras que sentí alguna vez por una mujer.
“…si no puedo estar contigo
ya no puedo estar si ti
cada vez se hace más duro ser feliz…”

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Todos cambiamos, y así como Shakira en 2001 encontró que siempre quiso ser rubia, yo encontré que lo mío no eran las mujeres. Y no por la no correspondencia de su parte, más bien por la de mi sexualidad y sentimientos. En la Universidad, iba muy seguido de antro a bailar. Los cantantes latinos pop que querían permanecer y sobretodo “pegar” en Inglés (digamos US y Europa) debían rendirse ante los tracks bailables y videos coreográficos. Ella no fue la excepción. Se tiñó de rubia y lanzó su primer sencillo en ese idioma. Era el boom de los latinos, los sensuales latinos.

“Whenever, Wherever” (“Suerte” en Español) mostraba a una Shakira más atrevida y lista para, con una coreografía, ser reconocida por su movimiento de caderas. A partir de esta canción, lo convirtió en su “firma” y marca personal. En los antros, todos bailábamos y cantábamos la canción, tenía un buen beat y aunque aquí casi nunca la tocaban en Inglés, esa versión es la que más me gusta. Tiene otro sentido, definitivamente.

En un viaje a Los Ángeles, fue que compré el disco en su versión “americana“. Las diferencias eran mínimas: El orden de las canciones y el nombre del disco tatuado en su brazo en uno u otro idioma, dependiendo la edición que compraras. Me parecía más interesante tener la que estaba en Inglés, pues era su primer disco así y estéticamente se ve mejor acomodado en su hombro el título como “Laundry Service” que “Servicio de Lavandería”. Cuestión de gustos.

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Creo que es un buen disco, se nota que intentó pensar e inspirarse en Inglés para poder trasmitir algo más que una simple traducción y funcionó. Desde el momento en que lo puse, sentí la conexión con las canciones, digamos, más tristes o melancólicas. Partiendo de que en ese tiempo acababa de tener mi primera relación con un hombre, que había terminado mal y que las subsecuentes citas e intentos eran un verdadero fiasco, era natural que las letras de desamor jugaran nuevamente el papel de consuelo y catarsis.

“Laundry Service” fue un disco que estuvo vigente 4 años, que me acompañó en en momentos realmente amargos y de relaciones fallidas. Parecía que los sencillos que escogía, iban acompañados de un nuevo y peor novio. Fueron canciones dedicadas enteramente.

Estaba en la playa, en Huatulco, en un viaje muy memorable con mis amigos. En un momento de soledad, frente al mar, puse “Fool” y la canté con tantas fuerzas que me desgarré la voz.
“But I can´t help it if I’m just a fool
always having my heart set on you
’til the time you start changing the rules
I’ll keep chasing the soles of your shoes”

Y es que así era la historia de Erick y mía, la de un primer amor que siempre estaba en una diferente sintonía, en la que un día él estaba dentro, al otro día no y yo siguiendo tontamente cada uno de sus pasos; hasta que la velocidad de los mismos nos separó.

“Poem To A Horse” encajaba muy bien en los intentos fallidos, en aquellos que parecían, efectivamente, mirar como caballos en carrera y que antes de empezar a sufrir o vivir, preferían mejor darse la vuelta y partir.
“You keep aiming for the top
and quit before you sweat a drop

I bet you’ll find someone like you
’cause there a foot for every shoe
I wish you luck but I’ve other things to do.”

Mientras que “The One” me hacía enamorarme de la idea de encontrar a esa otra alma buscándome para llevarme a bailar los Viernes y a misa los Domingos; “Underneath Your Clothes” me haría agradecer algunos años después a ese gran hombre que incluso después de la fiesta y cuando todos se han ido, sigue a mi lado; y “Que Me Quedes Tú” me hacía fantasear con un amor perfecto que permaneciera, inventando un beso cada día… … En esos días sólo pedía al cielo por un amor, mientras sufría por los que estaban y pasaban maltratando mi corazón.

En el intervalo en que “Laudry Service” terminaba promoción y llegaban los “orales” tuve una relación significativamente importante, pero realmente dolorosa. Fue con alguien que me advirtió no enamorarme de él, lo dejó claro desde el primer día y aún así caí. Sus ojos soñadores daban la impresión de ser un buen amor, su recién encontrada libertad – pues se había mudado de Tabasco a Puebla para estudiar – fue el detonante para su infidelidad y poco compromiso. Oscar hizo lo que quiso con mi corazón, me mintió a los ojos, me engaño a espaldas y cuando por fin lo saqué de mi vida, me encontré roto y asustado. No podía volver a confiar.

Un nuevo disco finalmente llegó, el ambicioso proyecto en doble idioma y completamente diferente en contenido. “Fijación Oral” abrió con un tema nuevamente bailable y radiable: “La Tortura”, el cual bailé con todas las ganas en antros y fiestas. Era simplemente sabroso hacerlo, mientras le cantaba a aquel amor ingrato que parecía responder precisamente con un “yo sé que no he sido un santo, pero lo puedo arreglar amor” en sus correos… Fue una verdadera tortura sacarlo completamente de mi vida.

Un nuevo amor llegó, fresco y sonriente. Esta vez parecía ser correspondido, parecía ser el bueno. Me conquistó con un beso robado, con un abrazo libre en medio de la noche fría y de los ojos en el centro de la ciudad. Llegó “devolviéndome la fe, sin poemas y sin flores, con defectos, con errores, pero en pié”, literal, como en “En Tus Pupilas”;  llegó mi Serch un 6 de Enero justamente.
“Te conocí un día de Enero
con la luna en mi nariz
y como vi que eras sincero
en tus ojos me perdí

Tú más que nadie merece ser feliz…”

Una noche, salimos de antro. Era “noche de karaoke“. Estaba indeciso por cantar o no, pues aunque me gusta, los nervios me ganan mezclándose con pena. Después de revisar la lista de canciones, me atreví a elegir aquella canción que guardé hace años para mi persona especial. Me acerqué al escenario cuando me nombraron, era un concurso, comenzó la pista y empecé a cantarle a mi amor…
“Te regalo mi cintura
y mis labios para cuando quieras besar …”

La había guardado por tanto tiempo, que sentí como se liberó algo hermoso e indescriptible en mi. Sonreí toda la canción, traté de no desafinar y de cantar con mi corazón. Todo se hizo obscuro y sólo lo vi a él, paradito viéndome. Terminé de cantar y me puse a llorar, nadie sabía por qué, sólo yo y lo especial que tiene esa canción. No gané el concurso, pero no me importó.

Nos pasaban los días como segundos en el tiempo, las semanas rápidas como luz y cada que cumplíamos meses juntos se convertían en un día de celebración – sigue siéndolo, cada día seis sin falta – pero con la felicidad también vienen de la mano problemas, los naturales creo, en cualquier relación. Vivimos episodios que amenazaron con separarnos, por otras personas, por no ser en verdad uno solo y no entenderlo, por creernos tan incompatibles.

La segunda entrega, “Oral Fixation”, mostraba otro sentimiento. Uno más agresivo, menos amoroso, más doloroso, menos cómodo o agradable. Así se sentía nuestra relación. La primera vez que escuché “Don’t Bother”, estábamos juntos en la cafetería a la cual solíamos ir frecuentemente, Serch me preguntó por qué la cantaba con tanto “coraje y sentimiento“, a lo cual le respondí con un “nomás“. Lo que nunca supo es que se la cantaba a él y su ex y a ese que se hacía pasar por su gran amigo siendo su pretendiente. Me daba miedo perder, me sentía amenazado pero si así debía ser, así sería.

Pasábamos por muchos conflictos, por mucho dolor que parecía innecesario. Creía que la chispa se había apagado, que en el barco sólo estaba uno de los dos y que podría estrellarse. Fue el primer gran momento de confusión y de preguntas sin respuesta que se ahogaban en lágrimas de los dos. “Dreams For Plans” sonaba en mi cabeza muchas veces al día, en especial algunas líneas:
“What do you think darling?
Have we lived to much to fast?
And have you, have you felt the melancholy darling,
wishing that time hadn’t passed?

Can you tell me how it used to be?
Have we missed our chance?
Have we changed our hopes for fears
and our dreams for plans?

So if you, if you ever come and find me crying
now you know, now you know why.” 

Las peleas eran fuertes, cada vez más. Incluso sólo una vez en casi 8 años hemos terminado. Fue sólo por un día, pero hasta hoy, ha sido el peor de mi vida. Temía su silencio, temía un “no” por respuesta, un “es muy tarde“. Una vez más, una canción de este disco se cruzó justo ese día: “Your Embrace”, con estas líneas que ahorita al escucharlas, de recordar el momento, me están haciendo llorar.
“… My life is full of people
but you’re my only friend
My Best Friend

Hope it isn’t too late to say I love
Hope it isn’t too late to say 
that without you this place
looks like London, it rains everyday
Don’t you know it baby, I’m only half a body
without your embrace.”

Y por supuesto, en los buenos momentos, que fueron muchos en esos días, también bailé feliz “Hips Don’t Lie”, por que sí, es cierto… 😉

“Despedida” de la banda sonora de “Love In The Time Of Cholera” llegó a mi de casualidad, mientras caminaba y llovía en alguna calle de Cancún  hacia el trabajo. Mientras la escuchaba, no pude hacer nada más que detenerme un momento a llorar.
“Cuando alguien se va
el que se queda sufre más”
Esas líneas me revolvieron la mente los cuatro minutos que dura la canción y el resto del día. Nadie más que yo entiende eso de ser quien se queda y llorar porque alguien se va, lo aprendí desde niño y ahora de grande, sigue siendo un gran temor.

Pasaron cuatro años, rápidamente, y crecimos. Nos mudamos juntos – después de su respectivo conflicto – y nos enfrentábamos a nuevos retos en la relación, que sin ser un matrimonio, eso parecía. Curiosamente, Shakira, con una relación de muchos años también. Escribió “She Wolf” como lo que parece o una confesión real o mental. Quizás es el disco más flojo de su carrera, el menos promocionado hasta la fecha y que terminó perdiéndose un poco entre la ola pop-reggeaton de 2009.  Compré nuevamente la edición “americana“, ya que además de tener el título el idioma original de su concepción, también tiene un bonus track “Give it up to me”, el cual fue el segundo sencillo promocional en US.

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El discurso del primer sencillo, “She Wolf” (“Loba” en Español, y personalmente mi favorita entre las dos versiones por su lírica más elaborada), es el de no sentirse apreciada en la relación y mejor salir a buscar a alguien que sí lo haga; este discurso se encuentra presente en casi todos los temas, donde aborda en forma recurrente el tema de las posibles infidelidades y aventuras sexuales de alguien en una relación monótona o casi terminada. Y a veces así nos sentíamos en la vida real.

Conocimos a mucha gente, que parecía tener un gran interés en alguno de los dos. Nos sentimos amenazados y celosos de muchos; y la única canción con la que me logré medio identificar fue con “Mon Amour”.
” ‘Cause I’m fragile and you broke my heart in two
But you just smile
Like it’s all the same to you, to you

But when you learn your lesson
come back like a Prodigal Son
Read the big sign at the airport
Bienvenue from hell
Mon Amour”

Con poco espacio entre discos, y esperando un “regreso” a aquel sonido que la consolidó en la música en Español de los noventas, “Sale El Sol” aparece a la luz en 2010. Personalmente esperaba una partida del sonido tan comercial de “She Wolf”, retomando lo rockero-acústico de “Pies Descalzos” y “Dónde están los ladrones?”, pero nuevamente no fue así. Lo percibo como un disco de tres líneas: la Shakira-Guapachosa, la Shakira-Fresa-Que-Quiere-Ser-Medio-Gringa y la Shakira-Clásica.

“Loca” si bien es el clásico tema bailable de apertura de los últimos discos de Shakira, lo que hizo fue retomar un ritmo muy Colombiano con la colaboración de El Cata. Es una cumbia, con sabor a merengue y cara de pop. Y así es como los demás temas “bailables” del disco siguieron por línea. Un beat muy latino y pesado, completamente comercial y de moda como “Rabiosa” y “Gordita”.

Los temas de un sonido más “clásico” – o que se asemejan a lo que se esperaba como “regreso” – claramente hablan de una relación que terminó, tal y como se anunciaba en el disco anterior. Aunque tiene sus baladas melosas también, las fresas.

Una relación de tantos años, llega un momento en el que crece y es “su propia persona”. Crecen y todo tiene un sabor diferente, no cualquier cosa te tumba a la primera, ni todo lo que brilla te deslumbra. Vives una nueva realidad de adulto, con sus problemas y sus soluciones de adultos también. Ahora luchas por mantener una casa, un trabajo y por una vida larga en pareja. Y aunque temas como “Antes De Las Seis” y “Lo Que Más” llegan a fibras sensibles de mi corazón, pues los sinsabores no terminan jamás, por tener líneas tan fuertes referidos a la separación y ruptura – que son los temas que más me aterra tocar -,  sin duda “Sale El Sol” es la que más me llegó.

Pasé por momentos de derrota, de depresión profunda, de confusión ante la vida, de bancarrota, de separación familiar, de inestabilidad amorosa y de desempleo; y en efecto el miedo me hizo cometer estupideces
“… No hay mal que dure cien años
ni cuerpo que lo aguante
y lo mejor siempre espera adelante

Y un día después de la tormenta
cuando menos piensas sale el sol
De tanto sumar pierdes la cuenta
porque uno y uno no siempre son dos …”

Han pasado 17 años de una historia de amor que se sigue escribiendo, de relaciones que tienen su propia banda sonora, de intentos fallidos y de amor correspondido. La música de Shakira me ha acompañado, repito, casi sin querer; de la mano, coincidentes, mi historia y la suya ahí van.

– Elesban Espinosa

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El Club De Los Ositos Sin Pantalones – Capítulo 2: “Tequila a Pelo, a Caballo”

– ¡Hola, mucho gusto! Soy Lalo, bienvenido a la …
Mientras se presentaba conmigo, muy formal, llegó un cabrón y le bajó el pants, dejándolo un poco al descubierto. Por reflejo, al instante, se puso ambas manos al frente para cubrirse; al instante, pasó de ese color blanco al rojo más intenso en su rostro. Volteó entre apenado y enojado, gritando:
– ¡Vas a ver hijo de la chingada, me voy a desquitar cuando pueda! – Levantaba el puño, una vez que se había subido el pants de nuevo,
– No te fijes, yo no me fijé… – le dije sin poderle sostener la mirada. 
– Bueno, ya, te decía que soy Lalo, bienvenido a la Universidad. Como verás, somos muy llevaditos.
– ¡Lo noté! Digo, no noté nada…
– Ya sé que estoy bien bueno – riéndose sarcásticamente – ¿qué le puedo hacer?

Se me ocurrieron tantas respuestas, pero era el primer día de clases y no quería verme tan lanzado ni siquiera a bromear; y aunque era clase de 7, nada en mí seguía dormido. Nada.

Lalo y yo eramos compañeros en muchas clases, él ya había cursado un año más que yo y conocía bien el movimiento de la Facultad; con quién había que llevarse bien, cuáles eran los profesores buena onda, de quiénes había que cuidarse. Él, en cierta forma, fungió como un mentor en todo lo referente a socializar durante cuatro años, nos volvimos grandes amigos, de los de buenas parrandas, viajes, campamentos y bares de todas las  notas. No era muy brillante, todos lo decíamos, pero poseía un par de cualidades muy atractivas, visibles a todo el mundo: Sus ojos color miel y una sonrisa fulminante. Le conseguían quizás más de lo que pedía, tenía a más de una persona a sus pies.

Esos años de escuela fueron maravillosos, hice lo que quise y con quien quise. Me serví con cuchara grande en el buffet de la vida. Engordé un poco. El pronto trabajo me apartó de la vida tan social que llevaba con mis amigos, sólo a los más cercanos conservé. La mayoría se casaron, tuvieron hijos rápidamente y casi todos eran padres de familia a los 25. Siempre me llevé mejor con hombres, pero en cuanto se pusieron los respectivos anillos de matrimonial unión, nuestras vidas se separaron aún más. Parecía que esa sortija les prohibía la diversión en todo aspecto, todo se redujo a bautizos, carnes asadas los Domingos –todo muy familiar– y a dormirse temprano “porque al otro día…” Así es la vida.

– ¿Está ocupado?
– ¡Sí! – grité – ¡Ahorita voy!
– Es que tengo que pasar a limpiar licenciado, porque ya me voy…
Doña Bety, tan inoportuna hasta en los momentos más privados en MI baño privado en la oficina. Me resigné a la interrupción, me lavé las manos, me acomodé bien la camisa y la corbata, me sequé el sudor de la frente y salí discreta y directamente al escritorio; debía hacerlo así para no evidenciar nada, esa mujer sabía todo lo que pasaba en esa oficina, peor que cámara de vigilancia.

Eran casi las 6 de la tarde, el cielo se veía aborregado, entre azul y rosa, entre hecho a mano e irreal. Era quincena, hacía calor y yo sólo podía pensar en llegar a casa, quitarme la ropa, darme una ducha y dormir. Pepe había quedado en comprar pizzas, seguro llevaría cervezas también, pues le encanta la combinación, a mi no tanto pero la cerveza me haría dormir muy bien. Un mensaje, inesperado, llegó a mi celular. Es increíble cómo puedes llamar a alguien con la mente con sólo pensarlo. Así de intenso estuvo, que después de, fácil, dos años, Lalo me escribiera. “¿Qué harás hoy? Vamos a chupar ¿no?”, decía. Le llamé, era más fácil y rápido. Quedamos en vernos en mi casa a las 8 y que él llevaría algo para beber, pues realmente lo necesitaba.

Sonaba mal y como es muy directo, simplemente me dijo que ya había valido madres, que se había separado y que necesitaba platicar y ponerse hasta el culo. Literal, eso dijo. Por un momento, la imagen mental que recreaba hacía algunos minutos en el baño, de él y yo en nuestro primer día de escuela – con sus manotas cubriéndose el frente mientras dejaba ver sus piernas grandes y nalgas blancas y peludas – se desvaneció, me sentí mal por él.

Me quité el traje, ya no aguantaba el cinturón, me metí a la ducha tibia y elegí un jabón que hace mucha espuma. Jugueteé con ella, mientras hacía dibujitos en el cancel de cristal. Me sentía inquieto, con esa cosquillita inexplicable y estaba todo listo para consentirme un rato, pero la voz de Pepe anunciando que ya habían llegado, una vez más interrumpió la acción. Me enfundé en un pants y una playera, bastante holgados esta vez.

– ¡Qué onda cabroncito! Uy, hasta acá huele… – exclamó Lalo, mientras se levantaba del sofá para darme un efusivo abrazo.
– Pues ya ves, uno que si se baña dos veces al día… – lo abracé fuerte, lo había extrañado. 
Wey, me dio un susto éste – dijo Pepe, al tiempo que le daba una palmada en la espalda – porque iba a meter una de las cien llaves a la puerta, con las pizzas y los six en una mano, y que llega por atrás y me dice con su vocesota ¿Te ayudo papi? ¡No mames! Casi tiro las pinches pizzas del susto…
– ¿Susto? Dirás emoción, papá…- refutó Lalo.
Wey, a ver ¿Pizza de carnes y otra de camarón contra la voz de cabrón en la oreja en la obscuridad entrando a la casa?
– Obvio ¡Prefiere la pizza! – dijimos al unísono Lalo y yo, bromeando y soltando una carcajada.

Pasamos a la sala, en la mesa de centro pusimos las cajas de pizza, sal, pimienta y ajo en polvo, queso Parmesano y una cerveza para cada uno. Nos sentamos en la alfombra, pues los sillones no eran muy cómodos. Saqué unos viejos discos de vinil, era el “Big Hits – High Tide & Green Grass” de Rolling Stones y “II” de Led Zepellin, eran de mi mamá. Comíamos y bebíamos, mientras platicábamos de nuestro día, nada relevante.

– ¿Y bien? – le pregunté a Lalo, mientras terminaba mi primera cerveza.
– Pues ya valió madre… Ya teníamos mucho peleando por pendejaditas, por pendejadotas. De esas que te cuestionas todo en tu relación y sólo das tiempo al tiempo para que mate todo por propia mano – suspiró y abrió otra cerveza.
Wey ¿y ella cómo lo tomó? ¿y la niña? ¡Porque ya se da cuenta! – interrumpió Pepe, notablemente alterado.
– Pues Ali, ni en cuenta aparentemente; siempre estoy de viaje por el trabajo, de por sí nos vemos sólo los fines de semana, llevamos quince días oficialmente separados y ya llevaba siete en Guadalajara, así que el cambio no lo ha resentido tanto. La otra es la que me preocupa, me duele. Mucho es por mi culpa y eso me atormenta, pero no podía llevar una relación así, eso de las dobles vidas, a mi edad, ya no se me quiere dar – se empinó media cerveza sin siquiera pestañear.

Se hizo un silencio, sólo escuchábamos “(I can’t get no) Satisfaction”, sonaba tan irónico el fondo musical con la situación. Todos hemos vivido una doble vida alguna vez, no entendía cómo era posible que Lalo, siendo tan centrado –aunque desmadroso en la juventud– y cariñoso con su novia de toda la vida, con una hija hermosa y la vida que aparenta ser perfecta de acuerdo a todos los clichés que nos ha vendido el cine y demás medios, estuviera tan decepcionado de toda la experiencia. Conociéndolo tan bien, podía asegurar que si su caso estaba así de difícil, entonces no había esperanza para casi nadie más a mi alrededor. Simplemente no lo entendí.

Terminamos casi las dos pizzas, sobró una mitad, la de camarón. Quitamos los discos de rock y pusimos algo más fresa y relajado. La provisión de cerveza para el fin de semana se había acabado en un par de horas. Hacía calor y teníamos sed. Abrimos la ventana, pues el humo del cigarro ya nos había mareado. Yo no se si por buena o mala suerte, tenía una botella de Tequila guardada; no me gusta su sabor, es muy fuerte y me embriaga más que los demás licores: era lo único que había, no queríamos salir a comprar nada más. Primero mezclamos con soda de toronja, ya entrados, luego “a pelo, a caballo”; total, ya estábamos en el camino alegre.

No tocamos más el tema de la separación, nos dedicamos a decir cuanta estupidez se nos ocurría. Reímos mucho, tanto que dolía más que haber hecho abdominales o una lobotomía.

Se acabó el Tequila, no nos podíamos ni levantar de la alfombra. Hacía mucho calor, pero no era prudente quitarme la ropa, no con Lalo ahí. Ni siquiera decidimos, simplemente arrimó Pepe la mesa de centro, bajó los enormes cojines del sillón y se acostó sobre la alfombra mientras cantaba –balbuceaba– una canción de Mecano. Lalo se levantó al baño, bajé otro cojín y una manta que está siempre sobre el sofá, me quité los calcetines y los aventé por ahí, puse la manta sobre mis pies. Me acosté también a balbucear. Lalo salió y apagó la luz de la sala, dejando sólo la de la barra de la cocina que medio alumbraba la planta baja.

– ¡Ahí les voy! Hagan cancha… – gritó mientras se quitaba los zapatos con los piés – ¡A ver si no me huelen feo las patrullas! Ya no aguanto los zapatitos estos, ni los calcetines…

Se inclinó, se recostó en medio de Pepe y de mi, mientras le quitaba a éste uno de los tres cojines que bajó. Se unió al balbuceo de la canción que estaba por terminar. Dejamos que el disco corriera, con la luz apagada y la música en volumen bajo, el sueño y la borrachera estaban por vencernos.

Nos iluminaba el pequeño foco a lo lejos de la cocina, sólo daba luz ambiental, pero donde estábamos se veía obscuro. Intentaba dormir, escuché que Pepe roncaba ya, supuse que Lalo también estaría dormido, pues dejó de cantar y platicar hacía rato. Aunque con todos los años que teníamos de conocernos, sabía bien que él roncaba quizás peor que yo y que el sueño le vencía más rápido que a Pepe en cada peda. Ignoré esa información.

La manta que cubría mis pies tuve que compartirla con Lalo que, justificado por la inconsciencia y que la temperatura baja al estar ebrio, sutilmente arrebató. Todo estaba en silencio. Sin esperarlo, sentí como sus pies fríos se acercaban tímidos a los míos buscando calor. Sus plantas suaves rozaban con mi empeine, como jugueteando, como esperando una reacción. Mi reacción no fue en el sur, fue en el ecuador; traté de calmar el signo obvio, traté de pensar en otra cosa pero me vino a la mente aquello que muchas veces hice en esas mismas circunstancias con otros amigos en tiempos universitarios; una borrachera, con amigos heterosexuales que se convertían por una noche en heteroflexibles. Eran mi vicio, mi hobbie, era imposible…

– ¡No es posible! No puedo dormir – susurró en mi oído Lalo.
– Ni yo, pero trata, que se nos baje… – contesté de igual forma.

Lalo separó sus pies un par de minutos, mi erección cedió. Asumí que por más parecida a la coreografía de esos chicos fiesteros de la universidad, esta vez, en verdad tenía sólo frío y no se daba cuenta de lo que (me) estaba haciendo. Exactos dos veces sesenta segundos pasaron y Lalo se levantó repentinamente. Se quitó la playera, diciendo que hacía mucho pinche calor y se volvió a acostar. Cuando dejó caer su cuerpo, percibí su aroma: olía a algún desodorante en aerosol de Axe, no logré identificarlo, mezclado con cigarro, alcohol, su característico perfume y aliento a chicle. Levantó ambos brazos, mi cabeza estaba muy cerca de su axila izquierda. Sutilmente volteé hacia él y aspiré, según yo, despacio para que no se diera cuenta.

– Me haces cosquillas… – volteó susurrante y sonriente.
– Tú también con el pié – contesté cínico.

Se dejó que me diera “las tres”, parecía disfrutar el momento. Seguía acariciando mis pies con los suyos. Subía y bajaba por encima de mis tobillos, sentía sus dedos rozando suavemente los vellos de esa parte de mis piernas. Le seguí el juego bajo la manta, En un movimiento ágil, logró que mi nariz estuviera justo a un centímetro de su axila y mi boca a la distancia perfecta para chupar su pezón. Había olvidado que yo lo acompañé a que se los perforara hacía años. Podía percibir el olor de su pecho, peludo y algo abultado. Él tenía “cuerpo de señor”, uno bien trabajado. Lalo estaba inmóvil. Ninguno aguantamos, él se volteó ligeramente para darme acceso a aquella parte rosa, brillante y perforada, mientras que yo me apresuré a sacar la lengua y probar. Posó sus labios sobre mi frente, sentí como soltó un gemido ahogado y directo a mi memoria.

Pepe despertó, sin voltear bruscamente, se talló los ojos y no podía creer la escena. Contempló paciente para no alterar la marea. Sus pupilas estaban dilatadas. A pesar de la poca luz, se apreciaban las siluetas con algunos detalles. Era muy sensual, ver era una de sus fantasías recurrentes. Sintió como de repente se le bajaba la borrachera y se le llenaba de sangre la cabeza. Llevó inevitable e instintivamente su mano derecha por debajo del pantalón. El suave movimiento y el inconfundible sonido del roce de la mano con el precum, llamaron la atención de Lalo.

– ¡Tú, sin pena gordito! Pon la otra aquí… – dijo Lalo con voz baja.
Wey, no mames… – excitado, Pepe contestó, mientras colocaba su mano izquierda sobre el pecho del otro.

No resistí más y comencé a chupar fuertemente el pezón perforado de Lalo, me posé frente a él para estar más cómodos, al tiempo que colocaba mi pierna izquierda en medio de las suyas. Pepe acariciaba lascivamente aquel pecho delicioso, mientras que ambos disfrutaban. Lalo subió el tono. Tomó la mano derecha de Pepe, que estaba empapada, y se la untó en el rostro, aspirando intensamente y pasando su lengua por su palma, Llevó el dedo medio a su boca y suavemente lo mamó, luego desabotonó su pantalón. Guió mi mano derecha desde su pezón hasta el ombligo, luego me concedió libre acceso.

Se sentía el bulto, duro y grande –tal como imaginaba que estaría en circunstancias así, pues ya lo había visto varias veces sin ropa en los vestuarios del gimnasio de la universidad– y no tardó ni un segundo en saltar del bóxer y salir del pantalón. Con mis dedos pulgar e índice, simulé un circulo y comencé a tocarle sin pena alguna. Sentí cómo mojó mis dedos en un segundo, cómo se retorcía de placer. Tuve que probarlo, el olor me llamaba, a Pepe también, había suficiente para los dos.

Sin separar nuestras bocas, que ocasionalmente se encontraban y daban un caliente beso coctelero (*) me las ingenié para pasar mis manos a aquella zona que había visto años atrás en el primer día de clases. Lalo no se opuso, facilitó mi movimiento, mientras él y Pepe seguían en lo suyo. Mi dedo de en medio tocó el perineo, suavemente le di masaje, noté su buena reacción. Lo retiraba ocasionalmente para lubricarlo con saliva y continuar. El movimiento de su cadera me sugería bajar más y lo hice. Sentí esa ráfaga de calor en la yema, me deshice por un segundo al palpar ese pedazo de piel tan suave y extrañamente humectado. Despedía un aroma fuerte y sumamente excitante, ese que sólo los hombres peludos conocemos. Su propia naturaleza me invitó a entrar, fácil y con ganas de más. Parecían unos labios hambrientos y palpitantes que, de gritar, nos habrían dejado sordos.

Estaba viviendo uno de los momentos más eróticos de mi vida, estaba por cruzar una barrera que pocas veces traspaso por respeto a la amistad. En ese momento entendí de lo que le había pasado, todo. En ese instante me quedó claro que “ese” inicio de “coreografía” que conocía tan bien, no había cambiado y me encantaba. En esa hora justa de la madrugada, entre besos y caricias juguetonas, para darle rienda suelta al antojo guardado en secreto por años, nos quedamos sin pantalones.

– Elesban Espinosa. 

Discografía – Flans

Nunca he sido alguien con gustos comunes, menos cuando era niño. Cuando era de esperarse que pidiera juguetes, siempre pedí en lugar de estos un disco. Y nada tuvo que ver ese gusto con cómo llevo mi vida hoy, simplemente me marcó musical y sentimentalmente.

En Octubre de 1985 yo tenía sólo 4 años de edad, era un niño muy delgado y pequeño que le encantaba la música, cantar y bailar. Escuchaba la radio constantemente y no por gusto, sino porque eso hacían mis papás mientras trabajaban. Seguro escuché “Bazar” alguna vez, en su estreno, pero no puse atención. Incluso, siendo fanático de Siempre En Domingo, cuando debutaron el día 6 de ese mes y año, tampoco les presté atención. Con frecuencia, hablando de música, mi reacción y gusto son de efecto retardado.

No fue hasta que algún Domingo en familia, en casa de mis abuelos paternos, mi prima Elisa (quien habrá tenido 10 años en esa época) llevó aquél disco, el primero, con esa portada tan característica de las siluetas siendo preparadas para el show. Era inevitable grabármela en la memoria y obsesionarme con ella – por los colores, combinación de rojo, negro y blanco -. Puso en el “aparato” el disco, con la etiqueta blanca y el nombre del grupo en negro con esas letras que simulaban la firma de un autógrafo. Estaba nuevo, estaba de moda al menos en mi familia, pues ella lo puso tan fuerte que todos prestamos la debida atención. Era música fresca, bailable, que se podía cantar e imitar con facilidad.

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Poco tiempo después, era escucharlas en la radio constantemente, aparecían en la tele casi cada semana y me empezaron a gustar. Ilse me gustaba por “güerita”, pero Mimi siempre fue mi favorita – las bocas grandes me han atraído desde pequeño – e Ivonne simplemente me parecía una “loca”, quizás por el cabello que era de “loca” en ese tiempo, según mi papá.

Cumplí 5 años, en agosto del 86, me hicieron una fiesta de disfraces, me vestí de Topo Gigio y hasta una pancita falsa tuve que usar –ironías de la vida -. Recuerdo haberme divertido mucho, era una fiesta para niños y sus papás, pues mis papás al ser fiesteros de corazón, no querían la clásica fiesta de escuincles donde los papás sólo ven el reloj ansiosos para irse. Había para todos: Un payaso (uno famoso a nivel local, pues salía en la tele, Kuadritos se llamaba), seguramente bebidas muy discretas, mucha comida, dulces y regalos, y una presentación especial con unas niñas que se habían disfrazado de Flans. Abrieron con “Me gusta ser sonrisa” y siguieron con “Bazar” y “No controles“. Era mi prima Elisa, disfrazada como Mimi y sus amigas Ruth y Verónica si mal no recuerdo, como Ivonne e Ilse respectivamente. Dieron su show, nos divertimos mucho. Fue una fiesta muy comentada en nuestro círculo social del momento, fijó la barra para muchas fiestas infantiles de esos días. Justo en ese cumpleaños, uno de mis regalos fue ese primer disco, con una variante un tanto rara, pues se trataba de un Picture Disc, y no tenía la portada original, sino otra fotografía diferente – la cual descubrí veinte años después que correspondía al insert de la edición original -. Mi obsesión jugó un papel importante en el rechazo al formato de ese disco, el cual conservé pues lejos de todo me parecía un buen objeto coleccionable, pero no era el original, así que después de uno de mis acostumbrados berrinches discográficos, me compraron la edición original y mi alma descansó por un tiempo.

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“20 Millas” llegó en 1986, lo recuerdo perfectamente pues mi hermano nació en ese año y lo bautizaron en Diciembre. Le regalaron muchas cosas, recuerdo, pero inusualmente, dos de las invitadas – mis Guías de primaria, Bertha e Imelda – llevaron un regalo para mi; venía en una bolsa de Paris Londres, pude reconocer al instante lo que era (pues la forma cuadrada de los discos y sus medidas las conozco desde que tengo memoria) y se transparentaba ligeramente el contenido. Era ese disco de tono azul y violeta, con nuevas siluetas y gafas obscuras. Lo conocía muy bien, pues Elisa ya lo tenía y lo había llevado algún Domingo a casa de mis abuelos para escucharlo/presumirlo, seguro les comenté a mis Guías mi gusto por ese disco y por eso me lo regalaron o simplemente le atinaron a un muy buen obsequio, no sé.

El grupo estaba en pleno apogeo, todo México conocíamos “Tímido” u “Hoy por tí, mañana por mi”, era un disco perfecto y exitoso. De esos que escuchabas completo desde la primera rayita. Había nuevas coreografías, sumadas ya a las pronto clásicas del primer LP. Nunca me dio miedo pararme y bailar. Ni a mis 31, ni a mis 5 años me causaba conflicto jugar a bailar con Flans. Y nunca quise ser una de ellas – como se podría pensar tan incorrectamente – pero qué podía hacer si siempre en las fiestas se paraba Elisa, su hermana Diana y faltaba alguien más para completar el trío… ¡Era yo no imitando a ninguna, era yo bailando e imitando simplemente el baile!

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Ese segundo disco merece otro párrafo, pues es mi favorito en muchos niveles: Su portada y contraportada, los colores, las etiquetas interiores – las cuales por sus impresiones, en muchas ediciones cambiaban de tonos y parece que era el único que lo notaba y le daba importancia a ese detalle, comprando 4 veces el mismo disco hasta obtener el color que quería – , las canciones… A esa corta edad, “Desde la Trinchera” me hacía llorar, la entendía, entendía el sentimiento de pérdida sin haber perdido o amado a alguien; “Bésame” se me hacía una balada injusta hacia una cantante que reclamaba su vida real y el amor por ser una celebridad; “Ya no te perderé” se me hacía fuerte y obscura mientras que el último track, “Me juego todo” era mi favorita del disco, pues me identificaba mucho con aquello de jugar y siempre perder, hasta hoy. Curiosamente, del primer disco también la última es mi favorita, “Billy”, la más rockera de Flans.

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Encendí la tele un Lunes en la tarde, una canción desconocida pero con una voz muy familiar sonaba como entrada a una nueva telenovela: el debut protagónico de Thalía, “Luz y Sombra” era el título. Era Flans, con Mimi en la voz principal. Poco después se estrenó el primer sencillo “Corre, Corre”que siempre me pareció un reintento de “No Controles”– del disco con el mismo título de la telenovela. Del aire salió ese tema como entrada, continuó con uno instrumental, no volví a ver la novela.

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Para 1987, Flans ya era un grupo establecido y reconocido por su imagen más que nada; y en un mundo donde el video era la mejor carta de presentación para los cantantes, nos encontrábamos en un país con videos musicales muy malos. Ellas fueron una excepción, pues claramente invirtieron al menos en los 3 primeros sencillos de “Luz y Sombra” en concepto y fotografía, muy decentes para los clips que se presentaban sacados en mayoría de algún especial de Siempre En Domingo. Quizás el más memorable fue el correspondiente a “Me he enamorado de un fan”, el segundo sencillo, donde las tres cantaban en un estudio de la antigua XEW caracterizadas a la moda de los 40’s, con una fotografía b&w. El tercer sencillo, “Las mil y una noches”, si bien no tenía un video muy vistoso, si tenía un concepto muy sensual para la época – incluso no lo transmitían tan abiertamente en horario familiar – pues mostraba a unas Flans muy voyeuristas, con cámara en mano, fantaseando con un encuentro sexual y romántico pasado, mientras que la pareja de actores simulaban escenas muy eróticas; con todo y eso, la canción se convirtió en la balada más emblemática del grupo. De mis favoritas del álbum junto a “Luz y Sombra”, que si bien no fue sencillo, los que conocemos bien ese disco, podemos decir que es la mejor y de contenido sentimental más desgarrador… “y te busco si me muero y te vuelvo a lastimar.” Simplemente duele, cada vez, como la primera vez que a los 6 años la escuché.

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“Alma Gemela” tenía una producción de mucha mejor calidad, nuevos sonidos, incluso otra imagen mucho más sobria que los discos anteriores. Era 1988, la influencia de cantantes como Lisa Stansfield o la propia Madonna se hacía presente en Flans. “Alma Gemela” abrió la lista de sencillos, abriendo a su vez con un fragmento de la canción “Alma Mía” de María Grever; durante la presentación del disco en Siempre en Domingo, como parte del set, contaban con una réplica de madera de un radio de los años 30’s. El disco prometía mucho y cumplió. “Tiraré” sería el segundo sencillo con gran difusión, sin que los subsecuentes corrieran con la misma suerte y mala suerte para las masas que no escucharon más, pues este disco cuenta con verdaderas joyas musicales como “Detrás de tu silencio”, “No soy tan fuerte”, “Giovanni Amore”los cuales sonaron en radio pero ninguno como sencillos oficiales ni videos que les acompañaran -, “La única estrella”, “La historia de David”, “Los salvajes” y una de las mejores baladas, la más sutil de todas y la que más me gusta de este disco, “Tú y yo”. Casi todo el disco es bueno, si no es que todo, es otro para escucharse desde la primera rayita.

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Un disco-concepto vio la luz en 1989, con muy poca difusión masiva y tan sólo conocido por la canción “Mosquito Bilingüe “, que combinaba cuentos narrados por las integrantes del grupo, inspiradas en una especie de duende que les platicaba las historias llamado Dum Dummismo nombre de la compañía productora de Mildred Villafañe a la que perteneció Flans y su nombre.

“Cuéntamelo Dum Dum” es divertido, también fue un regalo de cumpleaños, y me entretenía mucho escuchando el disco de cuentos sentando junto al tocadiscos de la sala en casa de mis papás. Los 5 cuentos tienen una magia muy bella, pero definitivamente mis favoritos son “Novovipipo”que habla del hada Ponquereta (Ivonne) y cómo, al no estar completamente graduada de la Escuela de Hadas, la magia que hace tiene un resultado inverso – y “El Mosco”Schwain (Ilse) que al ser bilingüe y muy inteligente, ayudaría a un flojo estudiante de primaria en un examen de Historia Universal, quedando como un misterio si el mosquito murió aplastado o no -. Un disco que no se editó en ningún otro formato mas que en vinil limitado y que vale la pena revisar hoy para un buen ejercicio de imaginación.

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Terminaba la década y también Flans como las conocíamos. Muchos dicen que por cuestiones de egos, que por que Ivonne ya no quería estar en el grupo y que no le convencía más el concepto – lo cual ha dejado abiertamente claro en muchas entrevistas, pues su verdadero llamado estaba en el arte, en la pintura, y no en la música que interpretaba el grupo -. “Adiós”, en 1990, sorprendió a los fans, al ser anunciado como el último disco del grupo. Tal fue comunicado “oficialmente” en Siempre En Domingo por ellas mismas, presentando el álbum con muy poca difusión.

“A cada paso”, el primer sencillo, tuvo mediana radiodifusión pero no contó con un video; “Ya no puedo detenerme”, también interpretada por Ilse, contó con un video en el que sólo ella apareció, dejando entrever lo que venía. El tracklist de “Adiós” también daba una buena pista del futuro de las integrantes, pues si bien en sus discos anteriores siempre se presentaban canciones donde sólo una de ellas cantaba y las otras dos hacían coros, también se incluían temas donde las tres participaban; pero esta vez sólo era un tema, “Niña” el último del álbum, donde se pudo escuchar a Flans como tal. En cuestión de letras, las tres contribuyeron con un tema cada una. En cuestión del general de las canciones, es un disco interesante, intenso y maduro, como ningún otro. Temas como “Pecesito”, “Una décima de segundo” y “Poquito a poco” reflejan un color mucho más ocre que el rojo que reflejaba “Flans” en 1985. Y era normal, ya no eran unas adolescentes, ya no podrían (querían) cantar de lo mismo. “Y no estás”, interpretada por Mimi, es la más significativa para mi, otra desgarradora. Con ésta se anunciaba el disco en televisión, junto a los otros dos sencillos, pero sin lograr colarse al radio, por ende, resultando ser una canción de culto para los corazones rotos y conocedores del grupo.

Carreras (musicales, actorales y de conducción) en solitario fueron el siguiente movimiento para Ilse y Mimi. Ivonne, por su parte se dedicó a la pintura y no fue hasta 2013 que presenta oficialmente un disco en solitario.

Mimi, la primera en ir sola, cuenta con dos discos bajo el brazo: “Mimi” y “En un momento de soledad”. Su canción más representativa es “Finge que no”cover en Español de “Don’t let it show” de The Alan Parson’s Project.

Mimi LP Mimi-En_Un_Momento_De_Soledad-Frontal

Ilse, por su parte y por los mismo años que su “comadre” – 1991 y 1994 – también edita dos discos: “África” y “El Río”. Su canción más representativa es “We-We”, un cover de Angelique Kidjo, aunque “Háblame” también tuvo su fama.

Ilse-Africa-Frontal Ilse-El_Rio-Frontal

Ivonne, de quien se pensaba que jamás sacaría su disco tan anunciado extraoficialmente, lanza “Sofá”, pero no es hasta 2013 y cuyo sencillo “Vida” ofrece un jazz electrónico muy contemporáneo con un concepto completamente visualizado a través del arte que la caracteriza.

CAJA SOFA IVONNE PATH

En 1999, lo que parecía casi imposible, sucedió: un reencuentro.

Y es que lo hizo Timbiriche y les fue muy bien; y a nivel México, música pop y nostalgia, el de Flans era obligado. Junto con el reencuentro y conciertos, también editan su último – oficialmente – disco con este nombre y en mancuerna con Mildred Villafañe, quien ganó los derechos del nombre del grupo, terminando relación con ellas y dejándolas sólo con sus nombres artísticos como marca y el fallido IIM

“Hadas”, el séptimo álbum, tiene un sonido muy pop, que intenta retomar la esencia de “la actitud Flans”desenfadada, simple y algo repetitiva – con lo que fuera el mejor estilo de baladas que lograron en conjunto y en solitario. Para mi, como para muchos, era cosa de nostalgia, pues en 1999 ya no era el mismo niño que conoció el grupo en el ’85 y mis gustos musicales eran otros y muy diferentes; sin embargo compré de nuevo su música, aunque ya no me sonaban igual. Los sencillos “Hadas” y “Rufino” se me hicieron innecesarios, casi sacados de “Cuéntamelo Dum Dum” y re maquillados para este nuevo disco. Mientras que “Tu eterna pesadilla”, recreaba la “actitud” pero con el sonido del final de otra década y “Si te vas”, que se convirtió para mi en la última gran balada del grupo, la cual es sumamente dramática, sentimental y que de adulto ya, marcó profundamente un momento de difícil decisión amorosa. A la fecha, cuando necesito llorar, la escucho y lloro, lloro mucho…

Hadas single

Otro disco se editó en 2001, a mi parecer el único verdaderamente malo de sus carreras. Al no poder usar Flans como nombre ya, lanzan un disco llamado IIM (las iniciales de cada una) con remixes de sus grandes éxitos, muy al estilo electrónico y orientado a la música club, pero sin su esencia y tres canciones nuevas: “Algo más”, “Llegó la fiesta” y “El amor es ciego”; ninguna fue sencillo, no tienen videos, ni trascendencia. Hasta ahí quedó.

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Se reunieron  en 2005 por segunda ocasión, conmemorando los 20 años del grupo, “reconciliándose” con Mildred Villafañe y usando nuevamente el nombre original del grupo para su gira “20 Millas Después” a la cual, no asistí. Tampoco compré la compilación, pues no ofrecía nada realmente nuevo.

Hace unos meses, mi amigo Humberto retuiteó una foto donde aparecían las tres ensayando para su primera presentación, que dejaba entrever un tercer reencuentro. Sin bombo ni platillo, muy en privado, se presentaron en un evento privado al cual mi hermano asistió  – pues la compañía para la que trabaja las contrató en Acapulco para dar un show – y oficialmente la magia resurgió. El mismo amigo, pendiente de la noticia y sabiendo que soy fan desde chiquito, me invitó a la grabación de un nuevo programa que saldría por Telehit: MatuTV, donde los músicos invitarían estrellas de los 80’s a tocar juntos y recordar viejas glorias. El programa con Ilse, Ivonne y Mimi sería el segundo en salir al aire, pero el primero en anunciar la reunión oficial.

Llegamos a los estudios, eramos alrededor de 50 personas afuera, los segundos en la fila para entrar. En el estudio, después del soundcheck, ya se encontraban algunos invitados especiales. Nos sentamos en la segunda fila, a escaso metro y medio del escenario, mi emoción era inigualable. Pedí hablar con alguien que me consiguiera un autógrafo – pues sería mal fan de Flans si no llevara “mi libreta, mi bolígrafo y mi Polaroid”En lugar de eso, llevé un Sharpie, mi iPhone y aquél Picture Disc del primer álbum que tanto desprecié y conservé, el canvas ideal para las firmas de mis heroínas de la niñez.

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La asistente de producción vio mi disco, raro, bromeó con quedárselo mejor … Llegó el productor y le enseñó el objeto de colección, afirmó que al menos conseguiría unos autógrafos para mi, pues cómo negarse a darlo a un fan con un disco tan de colección. Se me salía el corazón de la felicidad, pues aunque no soy un fanático stalker, los discos son el punto fundamental de mi gusto por la música y que lo pudieran firmar, sí significaba algo extra especial. Lo hicieron con gusto, me comentó la asistente que Ivonne e Ilse se emocionaron al ver ese formato, pues dijeron que “ni ellas lo tenían” y que “este Javi si debe ser un verdadero fan”… Y sí, lo soy.

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Las vi, de frente, de cerca, casi en privado… Levanté mi disco como buen fan mientras cantaban, me sonrieron las tres.
No pude llorar porque temía salir enfocado por la cámara a nivel TV de Cable Internacional, pero canté como nunca, como pagándole una deuda a mi niño de 5 años que siempre las quiso ver de cerca y que a sus 31 lo logró.

Discografia Flans

—> Aquí dejo un video “muy casero” con mis discos de Flans ( http://www.youtube.com/watch?v=1OZO46SisLk ) o da click en el siguiente link:

-Elesban Espinosa.

El Club De Los Ositos Sin Pantalones – Capítulo 1: “Cuba Gringa”

Estábamos tan aburridos esa tarde, pues llovía sin parar desde hace dos días. Sin poder salir a la playa por órdenes del Gobierno Municipal, decidimos organizar una reunión en el hermoso apartamento que habíamos rentado para nuestra vacación.

Eran las 5:45 de la tarde, el cielo empezaba a tornarse obscuro – es lo malo del horario de Verano – y a invitar a las travesuras juveniles.

Pepe es tímido, pero le gusta tener su diversión; no es tan sociable como todo el mundo quisiera y eso le funciona muy bien, ya que le da un aire de misterio que pocos en nuestro círculo social poseen.

– ¡Wey, estoy viendo una y otra vez el Whatsapp y no sé a quién decirle! Como que todos andan espantados por la lluvia o de plano ya tienen algo mejor que hacer… – comentó con un tono poco alentador.

– ¿Y si le decimos a Marcos y a Johnny que vengan? ¡Que traigan algo de tomar y aquí hacemos algo de comer! Total, ellos sí tienen auto y no tienen que conseguir taxi con tanta lluvia – le dije a Pepe emocionado.

– Pues a ver si quieren y pueden… Les mando un mensaje. – tomó el teléfono apresuradamente y comenzó a teclear mientras yo encendía la computadora.

Pasaron unos diez minutos y no había respuesta por parte de aquellos dos, seguramente vieron el mensaje, mientras estaban tirados en la cama, se vieron a los ojos al recibir ambos la invitación y dijeron “¡Ay, qué hueva!”. Los conocemos muy bien, Teníamos pocas opciones sociales y más de cuarenta y ocho horas de encierro, la paciencia se agotaba. Me metí al baño, iba a tomar una ducha, la humedad del lugar no ayudaba a mi cuerpo ni a mi humor. Abrí la llave, salía muy caliente y el vapor pronto nubló el cuarto; me quite la playera, me bajé los calzones y me metí a bañar. Entre la espuma y el agua, logré escuchar a Pepe que hablaba con alguien. Imaginé que era alguien del servicio del edificio o que pediría una pizza. Seguí con mi ducha, sentía tan bien el agua refrescando hasta el último rincón de mi cuerpo, no quería salir.

– Wey – entró Pepe al baño, levantó la tapa del inodoro, mientras orinaba – ya me hablaron estos dos, que sí vienen, que estaban en el super comprando chupe precisamente para venir con nosotros pero que al bruto de Marcos de le acabó la pila y que Johnny no tenía señal … Y que vienen en unos veinticinco minutos, pero con otros dos cuates de Marcos …

– ¡Aleluya! Pensé que íbamos a quedarnos otra vez a ver in-Utilísima … – dije en voz alta y emocionado.

– ¡No por favor! Prefiero ver el fut, bueno, el Americano… – bajó la tapa del inodoro, se quitó el short y se metió a la ducha también.

Veinticinco minutos después, ya que estábamos frescos y completamente vestidos, se escuchaban voces en todo el piso, y claro, cuatro cabrones de esas dimensiones no podrían tener volumen bajo. Con la clásica “mentadita de madre” de Marcos en la puerta, tocaron. La abrí. Efusivo lo saludé, mientras Johnny entraba presuroso, saludándonos sólo de palabra y rogando entrar al baño de inmediato. Pepe, mientras tanto, le dio la bienvenida a los otros dos chicos. Ambos nos miramos, nos miramos como leyendo la mente del otro: “¡Hola ¿Por qué no los conocíamos?!”, seguro pensamos. Entraron, venían ligeramente mojados, al menos sus chamarras, les ofrecí colocarlas sobre las sillas, cerré la puerta y les indiqué el camino a la cocina – como si hiciera falta, pues era un departamento con un concepto abierto y era muy lógico dónde estaba – me sonrojé, estaba nervioso. Colocaron las bolsas húmedas en la barra y en la mesa, Marcos y yo empezamos a desempacar, mientras Pepe acomodaba las sillas para que nos sentáramos. Los otros dos, tímidos, lo seguían.

– We got some rum and vodka and beers! Hope you guys like the brands … I honestly don’t care that much, I just want to get hammered! – exclamó Johnny, mientras salía aliviado del baño, acomodándose la camisa.

– Juanito ¡No trajimos hielo! – Marcos gritó desde la cocina.

– Wey, no te preocupes, tenemos hielo en el conge y el refri también hace hielitos,,, – dijo Pepe mientras ponía música. 

– Well well well, let me introduce you guys … This is Julio, this is Luis – señalando a cada uno mientras mencionaba su nombre – and I’m Johhny Roquettes, in case these cuties forgot my uncommon name and my burguery-show-girl last name! – hizo una reverencia burlona.

– ¡Mucho gusto, soy Pepe! – extendió la mano, saludó cordialmente a ambos y con su clásico apretón seguro pero fuerte, hizo conexión.

– ¿De dónde se conocen? – pregunté mientras encendía un cigarro.

– Julio estaba perdido afuera de La Isla, no sabía para dónde estaba su hotel y como lo ví con cara de qué pedo, ya me acerqué y obvio ayudé al turista – respondió Marcos, encendiendo un cigarro para él.

– Yeah! He’s so nice to people… Nicer if they are hot! – dijo irónicamente Johnny –  and this one – refiriéndose a Luis – was like zero feet away from the Starbucks by Marcos’ house, so I figured he might be on the upper floor or blowing someone in the restroom, so I went in there and knocked … And there he was! Not blowing anything but his long green straw…

Todos empezamos a reír, aunque Luis se puso rojo instantáneamente por el comentario. Bajó la mirada.

Nos sentamos en el comedor, era para ocho personas, las sillas eran cómodas. Encendimos el aire acondicionado, pues la humedad nos ahogaba un poco, mezclándose con el olor a cigarro y Glade de lavanda que aromatizaba el lugar. Sacamos los vasos, los típicos rojos de fiesta, había bebidas para escoger; incluso había en la alacena ingredientes para hacer cócteles, pero no quise ofrecerme para prepararlos, sería un buzzkill, al menos para mi. Aunque no me salvé de ser el barman, tengo buena mano: no las sirvo muy cargadas, tampoco muy ligeras, pero bien que embriagan a la tercera y de eso se trataba.

Pepe toma tequila, pero también vodka, Vodka con Sprite. Yo prefiero el ron con Cherry Coke, Johnny no había probado esa combinación y me pidió una Cuba – Cuba Gringa, como la bautizó esa noche – mientras que Marcos destapó su Dos Equis y le dio una a Julio. En un intento de brindis eufórico, ambos chocaron tan fuerte sus botellas que la cerveza y la espuma se subieron y tuvieron que beber de inmediato casi todo el contenido; tantito para que no se regara, tantito para ponerse pedos más rápido, Luis no sabía qué tomar, pero se decidió por la Cuba Gringa también, le pareció curioso el sabor del refresco de cola con cereza. Fui a la alacena, traté de no abrirla mucho para que Marcos no viera el arsenal para cócteles y se pusiera de paladar exquisito toda la noche; saqué un frasco de cerezas con rabo, las puse en la mesa y una en cada Cuba Gringa. Se me hizo un buen detalle, se veían bonitas.

Las cortinas del ventanal estaban abiertas, se veía la playa, pero no se distinguía a detalle por la lluvia que comenzaba a ceder. No me había dado cuenta de que la noche había caído frente a nosotros, señal de estar pasando un buen rato, frente a frente todos nos dimos cuenta de que la noche había caído y que estábamos a punto también.

– Do you mind if I …? – sacando una bolsita con marihuana y una pipa.

– ¡Adelante Roquettes! ¿No hay pedo con ustedes? – me referí a Julio y Luis, que aunque sin hielo ya de por medio, no sabíamos nada de ellos y sus costumbres en las fiestas.

– Yo no le entro – dijo Luis.

– ¡Puta madre, yo sí! ¡Salud! – se sonrojó Julio, que estaba sentado frente a Johnny.

– Well well well, then you have to sit next to me July … July, like the month but in Spanish, right? – decía mientras encendía la pipa y fumaba y reía por su broma tan babosa. 

Julio se levantó tímido pero con un aire travieso, como un niño cuando se acerca a Santa Claus en las tiendas departamentales. Se sentó en el lugar que estaba vacío junto a Johnny. La mesa era circular y amplia, eramos sólo seis, nadie más llegaría. Yo era el de “las doce”, junto a mi estaba Marcos, pues como los dos fumamos era más cómodo tener el mismo cenicero y los cigarros a la mano; junto a Marcos estaba un lugar vacío, luego estaba Luis muy quietecito, junto a él se movió Pepe para ocupar el lugar que dejó Julio, otro lugar vacío, luego Julio y Johnny. Johnny me ponía nervioso, y no sé si era por su aroma tan varonil y playero, o por que sabía cómo se las podía gastar, o por que tenía mota. Caía más la noche.

– Wey ¡Ya pon otra cosa! Está padre una hora de punchis para calentar, pero ya basta … – exclamó Pepe, ya con la voz un poco alterada por el vodka, pues a él se le sube rápido.

– Pues tú habías puesto otra cosa ¿no gordito? – le respondí.

– Yo lo cambié por mi iPhone, o sea ¡Nadie se aburre con mi música, sirvientas! – se levantó Marcos, dejando su cigarro mal colocado en el cenicero, mientras medio bailaba con los ojos cerrados al ritmo de su música.

– ¡Ya, ya! ¡Quita a tu Richie-ese-que-no-sé-qué “Jotín” y pon algo más normal! – me levanté, saqué mi teléfono, y elegí una de las listas de reproducción. Le dí su teléfono a Marcos y le dí play.

– ¡Mmm … Ya vas a empezar! – murmuró Pepe mientras a la vez que tomaba un trago.

– Well well well “… My name is Dita, I’ll be your mistress tonight…” – Johnny levantó su brazo derecho, cantó a la par, y llevó su índice a la boca – Now it’s a party, fuckers! Cheers!

Todos brindamos, la canción provocó lo que una burbuja al romperse. Puse precisamente esa lista de reproducción porque sé que nunca falla, desde mis años de universidad que lo compilé, el famoso “Disco Horny” si bien no es para animar bodas, sí sirve muy bien para despedidas de soltero o fiestas casuales. Nada instantáneo sucedió, aunque las piernas me temblaban por momentos de la excitación de lo que podía ocurrir. Brindamos de nuevo mientras avanzaban un par de canciones.

Ya no llovía, Pepe apagó el aire, abrió las ventanas, pues como él no fuma, se sentía sofocado entre los diferentes humos que inhalaba. Sofocado, pero extrañamente desinhibido. Entraba la brisa tibia de la playa, se sentía un alivio a tantas horas de lluvia, se sentía próximo el calor.

Serví otra ronda para todos, hicimos el clásico “full” una vez que entró la brisa por la ventana. Cada quien tomó su bebida y bailábamos sentados, estábamos emocionados con el nuevo aire, con el relleno de licor y con la vista que teníamos no sólo afuera, sino adentro. Luis me pidió tímido otra roja cereza para su bebida, habían diez aún.

– Luisito, you know what they say about cherries and their tails, right? – Johnny preguntó en forma muy invitante al serio y , engañosamente, tierno del grupo, quien sólo se sonrojó y bajó la mirada.

– Wey, todos sabemos … Pero de ahí a hacerlo bien, no cualquiera. El chiste es hacer un nudo perfecto y dejar la cereza también intacta, ahí radica la destreza del buen besador… – intervino Pepe, dejando su bebida y retando con la mirada.

– ¡Yo soy buenérrimo para eso! – me arrebató el frasco de cerezas – No por nada me dicen Marcos “Cherry Lips” Estévez ¡DOCTOR, por favor! – exclamó emocionado – ¿Quién quiere hacerle el intento con mi colita de cereza? – tomó una cereza, la del tallo más largo y la colocó entre sus labios.

– I will!  I’ll set the example and show you how it’s done!

Johnny se levantó de su silla, se acercó a Marcos y comenzó la función. Todos veíamos atentos. Suavemente, y al ritmo de la música, se acariciaban sus labios, era un juego entre viejos conocidos jugando a ser nuevos descubridores e incitadores. Abrían la boca, la saliva delataba el sabor y la excitación; cerraban los ojos, se acariciaban uno el cabello y el otro la barba. Parecía una coreografía muy bien ensayada, no podía haber ningún error o serían la burla del grupo por un momento. Johnny finalmente pasó la cereza, intacta y brillante, de los labios de Marcos a los suyos, éste abrió los ojos y se alejó sonriendo.

– ¡No mames! ¡Nadie le hace el pinche moñito y se queda con la cereza entera y con sabor en su boca! … ¡Brava! – gritó Marcos.

– Thank you baby! I-AM-THAT-FUCKING-GOOD! – guiñó un ojo y mordió la cerezaLouie, honey, you’re next! Don’t think that for keeping it quiet, the spotlight wouldn’t turn to you… And you are doing it with… – señalando al aire y finalmente al elegido – Pepe, he’s right there, handy!

Luis estaba tan rojo como el frasco de cerezas, aunque sabía que esa reunión podría tornarse en algo más que en sólo beber y fumar, su personalidad delataba sus ganas – y al tiempo sus reservas. Sus ojos coquetos, pequeños y negros. autorizaron la jugada. Pepe, muy seguro de su habilidad y técnica, simplemente tomó una cereza y la puso confiadamente en los labios rosas de Luis. Aún sin cereza, Pepe, imaginaba que así sabrían, fantaseó con ellos desde el primer momento en que los vio. Comenzaron su ritual. Se les veía nerviosos, más a Luis, quien tenía las manos pegadas a las bolsas de sus jeans apretados; Pepe consciente del juego y la situación, tomó con sus manos las manos húmedas del nervioso Luis, mientras seguía intentando hacer el nudo perfecto. Todos vimos cuando la cereza paso de una boca a la otra, también vimos la reacción en el frente del pantalón de los dos.

– ¡Sí, sí, muy interesante, brava! Este wey sí sabe besar ¿verdad? – Marcos se refirió a mi descaradamente.

– Sí, es muy bueno el muchacho, competitivo como él solo … – encendí un cigarro pa’l nervio.

– A ver, tú, el seriecito ¿Trompudo o quiere beso? – preguntó Marcos en tono juguetón y desafiante a Julio, quien sólo se concentraba en ver a los otros dos jugueteando mientras discretamente rozaba su rodilla con la de Johnny – ¡Únete a la fiesta y hazlo mas interesante! – le pasó el frasco de cerezas. 

Julio sonrió,

– A ver vatos, comper… – dijo Julio con su acento norteño.

Tomó una cereza, se chupó los dedos sugerente para quitarse el almíbar, la puso en sus labios y sin miedo abrió ligeramente la boca – una boca fina, con los labios carnosos y los dientes frontales grandes y muy blancos – acercó a ambos a una distancia adecuada para juguetear los tres con la cereza. La pasó a la boca de Luis, luego le pasó la lengua suavemente por su barba negra y bien cuidada, mientras Pepe acercaba sus labios cada vez más a los de Julio, sin barba. Éste los acariciaba por la nuca, mientras los demás contemplábamos y fumábamos hasta quemarnos con la colilla de nuestros respectivos cigarros.

– ¡Ay, me pasé la cereza! – apenado, pero sonriente exclamó Luis. 

El momento se rompió, quizás como el calzón de los tres involucrados.

– ¡Pero besan bien ..! – dijo Julio, mientras guiñaba el ojo.

Se separaron y cada quien se sentó en su lugar. Refrescaron su bebida, ya no me ofrecí a hacerlo, ya no estaba en la mejor condición o equilibrio. Miré a Pepe, estaba apenado pero se estaba divirtiendo mucho, lo conocía muy bien. El calor ya estaba en su punto, no entraba ni la brisa. La música seguía incitando a más que bailar. Me acerqué a Johnny y fumé de su pipa, fumé poco, sólo para animarme. La plática random distrajo un poco la atención de lo que acabábamos de presenciar, era el momento de cambiar de velocidades. Tomé la palanca.

– ¡¿Y si nos encueramos?! – propuse con euforia.

– ¡Wey, tu clásico, ya te habías tardado …! – exclamó, con un dejo de ironía, Pepe.

– Pues es que hace calor, normal, de playa…

Me quité la playera, dejando al descubierto mi relleno y velludo frente. Marcos pasó su mano sobre mi pecho, se quedó ahí unos segundos acariciándolo.

– ¡Ya tienes canas gordito! – me dijo con una sonrisa pícara.

– Well well well … A Sugar Daddy in the making! Oh, gimme a call once it’s all silver… Grrr!

Me acerqué a Johnny, le arranqué la camisa a cuadros que llevaba, rompí los cuatro botones que tenía, no nos importó a ninguno, sólo nos prendió. Se levantó conmigo y comenzó a bailar. Su olor me mareaba, reaccioné de inmediato; olía a playa, a sol, a loción fina. Me acerqué más a él, me tomó del brazo, lo levantó y pasó su nariz por mi pecho y llegó a mis axilas; inhaló fuerte, gruñó fuerte y lo sentí también, estaba muy cerca y conocía sus proporciones.

Marcos no perdió el tiempo, dejó su cigarro en la mesa, bebió un poco y se acercó. Se quitó la playera de inmediato, la aventó al suelo y se coló en medio de mi y Johnny. Le gustaba sentir a dos hombres corpulentos y más altos que él arropándolo. Siguió tocando mi pecho mientras que besaba mi barba y se acercaba sigilosamente a mi boca. Al tiempo, juntaba su cadera al estimulado frente de Johnny. Llegó a mis labios, suavemente mordió uno de ellos, el inferior, el más besable, mientras dejaba que otra boca recorriera su nuca.

Pepe nos miraba, pero no estaba seguro de unirse o iniciar su propia fiesta. Luis, después del beso y la cerezas, había estado por debajo de la mesa sutilmente rozando la pierna de  Pepe, ambos sentían esa electricidad, la electricidad única del objeto nuevo. Julio, por su parte estaba deleitado viendo el espectáculo que tenía junto, con su sonrisa pícara y franca, mientras sin pena pasaba su mano derecha por su entrepierna para acomodar lo que era evidente. Su otra mano fue secuestrada por la de Johnny, quien la colocó sobre su redondo y perfecto trasero, dejándose acariciar por las manos un poco rasposas del norteño. Pepe vio esto y fue la señal de lo que debía hacer. Se empinó el trago y, con una mirada de total complicidad, invitó a Luis a unirse al sexteto.

La música climatizaba el ambiente, eramos sólo seis hombres experimentando el toque de otra piel, unos con pena y otros con la justa experiencia para guiar la situación; eramos hombres que compartíamos lo que nadie quiere decir abiertamente, lo que tanto estigma y etiquetas como la de promiscuos ha provocado en los hombres homosexuales, pero que de ser permisible en los heterosexuales, sería una práctica común, como en tiempos de los Griegos, nadie diría nada. Cortados machos por la misma tijera, todos sacados de la misma tela caliente. Cuántos amigos straight, por supuesto con sus gustos y con sus términos, matarían por momentos así y tan sencillamente aceptados…

Ahí estábamos, sudorosos, impregnándonos de nuestros olores. Sentí las lenguas húmedas, olí sus pechos y sus axilas. Bajamos la luz, tomamos más, fumamos más. Sentí manos por encima de lo que quedaba de ropa, pasé las mías sobre lo ajeno también – por delante, por detrás, porque es más divertido – y todas las veces las olí, glorioso aroma a hombre.

No podíamos contenernos más, apretaba la ropa por lo duros que estábamos; queríamos todos de más, más de todos, así que sin incomodidad, todos entramos al club y nos quitamos el pantalón.

– Elesban Espinosa

¡¿Quién se comió la Comunicación?!

Fueron 27 años de vivir en casa de mis padres junto con mis dos hermanos. Soy el primogénito, no fui más que un lustro el hijo único y por supuesto el consentido mientras duró.

Llegó Juanjo y empezaron los “problemas“. Ya no todo era para mi, aunque nunca tuve un conflicto real por compartir espacio –pues fueron muchos años de dormir en la misma recámara, ya que muchos padres piensan que es lo más adecuado para sus dos hijos y la convivencia– aparentemente él sí lo tuvo. Siempre ha sido muy territorial, Escorpión al fin, incluso llevándonos tantos años de edad y teniendo gustos opuestamente diferentes, lo que era suyo, ES SUYO y lo mío no le importaba demasiado. Peleábamos “lo normal“, de hecho nos torturábamos de maneras muy extrañas. Yo para ganar su atención, él para tener de su lado a quien en la casa siempre tenía la razón. Alguna vez fingí quedarme ciego después de un golpe que me dio jugando, pocas veces lo vi tan angustiado; cuando la broma de tan mal gusto pasó, me golpeó más del coraje y, por supuesto, llovieron los chanclazos para mi. Él jamás olvidará ese día, ni yo, pues fue la primera vez que sentí una preocupación genuina de su parte. Una ganancia para mi después de todo y mi falta de aceptación/validación.

Un sexenio más tarde, inesperada, llegó mi hermana, Andy, con quien siempre he tenido un lazo muy especial y paternal. Juanjo se dedicaba a molestarla muy directamente, incluso a relegarla, pues invadía alguien nuevamente su tan preciado territorio. Un pecesito no se sale del agua para jugar con escorpión en el desierto. Mientras tanto yo la hice de hermano – y hasta hermana -.mayor, volviéndonos cómplices de innumerables aventuras. A mis 11 o 12 años, desarrollé un sentimiento paternal muy fuerte, ella fue mi hija sin serlo.

Siempre he sido muy tragón. He sido el que quiere el dulce del otro niño. Y no se lo robo, pero tampoco se lo pido; lo agarro, le doy una probadita y ya. En mi concepto, probar tantito no significa un atascón; no he tenido éxito con las drogas por esa misma razón.

En casa de mis padres tuvimos épocas de vacas excesivamente gordas, increíblemente flacas o sin vacas en absoluto. Curiosamente la leche nunca faltó. El refrigerador siempre tuvo “lo indispensable“: Leche, huevos, jamón y queso –caros o baratos, dependiendo la época y el número de vacas disponibles– mayonesa, catsup y mostaza. Tortillas y pan de caja no faltaron, tampoco los frijoles.

Era la hora de tomar alimentos, la hora que fuera. Nos sentábamos a la mesa y sin pensarlo casi siempre, aunque tuviéramos lo mismo exactamente, me parecía más rico el plato de mis hermanos. Discretamente creaba una distracción para que Juanjo volteara un par de segundos y darle una probadita a su comida. Siempre se daba cuenta, siempre hizo un berrinche, siempre terminaba en pleito.

La táctica de probadita con Andy era distinta, ya que ella era feliz cuando “le ayudaba” a terminar su plato. Ambos creábamos una distracción mucho mas larga y elaborada, incluso todos se levantaban de la mesa y yo, como buen hermano cuasi padre, me quedaba a que terminara. No pasaba, no terminaba nada, me lo comía todo. Se daban cuenta mis papás –por ser ella tan flaca y yo tan gordo– y siempre terminaba en pleito.

Pasaron los años, la dinámica de las probaditas no cambió mucho, pero si tuvo un giro interesante.

Juanjo compraba comida en la calle, usualmente suculenta. Llegaba a casa, la metía al refrigerador y le ponía su nombre junto con un recadito muy directo: “¡NO SE LO COMAN! Juanjo.”. A la mañana siguiente, ahí lo encontraba. Ya nadie se atrevía siquiera a mirar el paquete lleno de tentación.

Andy hacía algo similar, sin recados ni marcas territoriales tan extremas; la vulnerabilidad de su situación radicaba en que, por ejemplo, compraba algo el Viernes por la noche y llegaba la mañana del Lunes y la comida ahí seguía. Eran mensajes confusos ¿Era de alguien? ¿Era para alguien? ¿Era de todos? ¿Era de nadie?. Ella siempre esperaba que al tiempo de su antojo, el que sólo ella sabía cuando llegaría –cual divino plan maestro– su comida estaría lista para ser devorada. Casi nunca supimos la llegada de ese tiempo, casi siempre “alguien” se lo comía antes ¿Adivinen quién..? Yo siempre he sido así: “Se me antoja algo, me lo como en el momento y no dejo rastro”. Simple.

Ni tan misteriosamente, siempre me comí la comida ajena. No creo haberles quitado realmente el pan dela boca, simplemente quería pensar que era un acto “inocente” con un arreglo fácil. Hoy, adultos los tres, nos conocemos bien las mañas. Ni Juanjo deja descuidado su plato si estoy cerca o se resigna a que una probadita le pida y me la dé; Andy ya no deja comida ni por error, o al menos no por tanto tiempo esperando encontrarla intacta.

El karma es una perra, ciertamente.

Me gradué como Licenciado en Comunicación Organizacional, no Comunicación a secas, ni Ciencias de la Comunicación, ni nada más. Es una rama que poco tiene que ver con “la tele” o “el radio“, mucho menos con lo que haría, digamos, una Paty Chapoy. Es una rama extensa, dirigida al trabajo en empresas, a sus departamentos –si los tiene– de Comunicación Interna y Externa, Recursos Humanos, Relaciones Públicas, Desarrollo Organizacional, entre otros. Trabajas con y para el recurso más importante de cualquier compañía: Su gente.

He picado piedra en lo que parecía una mejor idea que convertirme en estrella de Televisa o TV Azteca, en una voz de Imagen o Alfa Radio, incluso escribiendo con una estricta línea para el Reforma o el Alarma. El “medio” nunca me llamó como tal, pues a la voz de mi creatividad no le gusta “tener línea“. De picador, pasé a escultor de dicha piedra. La oferta en las ramas donde soy bueno, competitivo y me podría desarrollar son muchas, más en Recursos Humanos –que aparentemente abarca todo el espectro de la Comunicación Organizacional como tal.

Tal parece que las empresas y sus reclutadores, aún no saben que hay grandes diferencias entre un Licenciado en Comunicación Organizacional y las demás “Comunicaciones”. En incontables entrevistas de trabajo me han preguntado: “O sea, no entiendo ¿Por qué aplicas para Coordinador de Recursos Humanos, si estudiaste Comunicación? ¿Qué no deberías pedir trabajo en la tele o así?” … … … ¡Qué grosería!

Ignorancia, le dicen. La poseen en gran cantidad aquellos que se encargan, cual San Pedro, de dejarte entrar al Cielo Laboral. Estos reclutadores, mayormente mujeres con nombres muy exóticos y carentes de una personalidad siquiera decente para conducir una entrevista, son las que tienen las llaves del reino. Y como ignoran que un Comunicólogo puede con tamaño paquete y más, simplemente te dicen: “Analizaremos su Curriculum y le llamamos, gracias”. Obviamente, no llaman. Ni para decir un NO claro están entrenados, mucho menos conocen la palabra retroalimentación.

¿Qué les faltará analizar? ¿A caso no saben leer? ¿Será que tampoco pueden redactar una descripción de puesto clara y concisa, y luego compararla con lo que tienes que ofrecer?

Licenciados en Administración de Empresas, Psicología, Relaciones Internacionales, Contaduría (sí, CONTADORES) o “afines”, vienen mucho antes que un Licenciado en Comunicación Organizacional.

¡No puede ser! ¡Pero si mis estudios avalan mi capacidad para desempeñar los puestos de esta área y sus departamentos que trabajan con y para la gente!

Tal parece que nadie solicita ya un Comunicólogo para trabajos profesionales con un “buen futuro“. La demanda está para ser Agente Telefónico de Ventas (o “Marketing” como les encanta aderezarlo) o Atención a Clientes, porque “somos muy buenos para hablar” y ya. Literalmente, nos rebajaron de categoría a “con prepa terminada“.

Compré una suculenta y cara carrera en una de las “mejores” universidades del mundo, un título y una cédula profesional que están en un cajón, todo lo metí al refri para comérmelo el Lunes tempranito, llegaron otras carreras a darle una probadita a mi campo de acción y especialización y cuando me di cuenta sólo pude desesperadamente gritar: “¡¡¡¿Quién se comió la Comunicación?!!!”

… Ahora entiendo todo y qué hambre me da.