El Club De Los Ositos Sin Pantalones – Capítulo 3 “Botellita de Cerveza”

“Botellita de Cerveza”
#ECDLOSP

Noche de Sábado, realmente nuestro plan era quedarnos en casa y no salir, el frío estaba insoportable. Veía una película, metido en la cama, con un sudadero grueso y unos pantalones deportivos muy cómodos. Sonó el teléfono.

– Sí … Aquí en la casa … Ya sabes, con frío … Ahí anda acostado, yo estoy horneando unas galletas … Sí, ya sé, aquí te guardo un par … Sólo café y lechita caliente … Pues sí quieres … ¡Órale! … Bye, bye.
– ¿Quién era? – le grité desde la recámara a la sala.
– Era Poncho, que viene en un rato con Robbie y Mau, porque están aburridos.
– Pero estoy acostado y calientito en mi cama … ¡Bueno! ¡Ahorita me levanto! ¡Pero ya quiero galletas! – volví a gritar desde la recámara a la cocina.

No me sentía en el humor de fiesta, pero tampoco en la amargura o flojera totales, así que me di un baño caliente. Decidí no rasurarme, ya tenía varios días sin tocarme la barba y parecía vagabundo.

Al salir del baño, pude percibir el aroma a galletas que emanaba hipnóticamente desde el horno, ya quería probarlas. Me estaba secando cuando escuché el timbre.

-¡Abre por fa’! ¡A penas salí del baño! – volví a gritar, esta vez más fuerte.

¿Pues en dónde estaban cuando llamaron? ¿En la esquina?, pensé.

– No mames, estábamos en el Superama de la esquina y de verdad que el frío está tremendo ¡Todos estaban comprando chupe! – dijo Poncho mientras ponía un par de bolsas en la mesa.
– Compramos poco, unas Dos Equis, un Bacacho y tenía un poco de Johnny en la casa por si ocupan … – explicaba Robbie, mientras saludaba a Pepe.
– ¡Ay, huele bien rico! – exclamó Mau, con su distintiva efervescencia.
– ¡Sí! Creo que nunca había usado el horno y vi en la tele la receta esta de las galletas que venden en Palacio, y siempre las había querido hacer …
– ¡Hoy es el día! – dijeron al mismo tiempo Robbie y Mau, sé sonrojaron y rieron.
– Bueno, ustedes hasta para contestar lo hacen juntos … ¡Huevisimil, eh! – susurró Poncho mientras se dirigía a la barra de la cocina para servirse un trago.

Traté de vestirme lo más pronto posible, traté de no verme tan fachoso, pero la ropa cómoda y holgada “me llamaba” esa noche.

Elegí otros pants, una playera nueva que tenía por ahí y un hoodie. De tanta prisa olvidé el desodorante, también olvidé ponerme ropa interior.

– ¡No, bueno, tú en el glamour total! – exclamó Mau.
– Es Sábado, no es quincena, ni desconocidos por apantallar … Así que … – me acerqué a la sala y saludé a Mau y luego a Robbie. Ambos me correspondieron el saludo con un beso en los labios.
– ¡Hola barboncito! ¿Te sirvo una? ¿O mejor chela? – sonriente, como siempre, ofreció Poncho.
– Mejor te acompaño con ron, pura Coca
– ¿Con hielo?
– Si, con tres …
– ¡Para el frío! – contestaron juntos nuevamente Robbie y Mau.
– ¡No, bueno, ustedes ya … Hasta aquí! – replicó Poncho, aparentemente irritado, pero en un tono cómico, mientras daba un sorbo a su bebida.

Pepe se dirigió a la cocina, aún sin bebida en mano, sacó las galletas del horno, eran 20. Las extendió sobre la barra, en una charola. Las dejó ahí, enfriándose rápidamente. Se acercó a la sala, se sentó en su cómodo sillón negro de piel y destapó una cerveza.

– Hoy vamos a escuchar un CD en MP3 con canciones de antaño, no sirve el cable para conectar los teléfonos – me acerqué al estéreo y le di “play”.
– ¡Mejor así! Porque éste siempre las cambia a la mitad y nunca deja nada completo – Robbie se refirió a Mau, al tiempo que le “picaba” la llantita.
– ¡Ay, tú en “noventas” a todo! You gotta lick it, before we kick it … – Mau comenzó a seguir la letra de la canción mientras chupaba la boquilla de la botella de su Dos Equis.
– ¡No antojes, que llevo un buen sin “cerveza”! – exclamó irónicamente Poncho.
– Si quieres algo calientito y cremoso, ahí hay café y Coffee Mate ¡Sírvete, con confianza! – contestó Pepe.
– Te voy a tomar la palabra, pero más tardecito … – guiñó el ojo pícaramente.

La conversación fue fluida, como siempre, entre ronda y ronda, se nos iba quitando el frío. Nadie había tocado las galletas aún, sólo las botanas que habían comprado y que estaban en la mesa.

Nuevos trabajos, cambios de vivienda y las anécdotas diarias de la vida de un adulto joven no eran precisamente los temas más adecuados para levantar el ánimo esa noche. Por suerte, y sin rodeos como es su costumbre, Poncho propuso un juego.

– O sea ¡llevo tres cubas al hilo y nomás no pasa nada con mi espíritu candente! Como que se congeló o así ¿les late si jugamos, no se, “botella“?
– ¡Con la música que puso éste, está muy ad hoc con el mood prepo que nos cargamos! – exclamó Mau, con algo de ironía.
– Sale ¿Quién va? – tomé una botella de cerveza vacía, limpié el centro de la mesa y la coloqué ahí.
– Tú ¡gírala! – dijo Pepe – mientras voy a tapar las galletas.
– Va, que sea de “verdad o reto”, al que le toque la puntita, a ese le toca … – emocionado, Poncho se acomodó en su asiento, listo y demás ansioso para jugar – pero recuerden que yo soy más de retos, las verdades me dan un poco de hueva.

Nos acodamos todos, estábamos alrededor de la mesa de centro en la sala. Pepe llegó con la charola de galletas y una ya en la boca. Las dejó ahí por quien apeteciera.

Giré la botella. Poncho le preguntaba a Mau.

– ¿Verdad o reto?
– Verdad.
– ¡Ash! Bueno … Déjame pensar – tomó un trago generoso de su bebida– ¡Ah sí! A ver, ya, díganme, ustedes dos –señalando a Mau y Robbie– tienen muchos años juntos, pero últimamente los vemos por ahí medio saliendo con más personas ¿Ya son pareja abierta?

Ambos se miraron a los ojos, se pusieron rojos y Mau contestó:

– ¡Ay, qué pregunta! Hasta se me fue la galletita! ¡Muy buena, por cierto mi rey! …
– ¡Ya contesta chingao! – gritó Poncho, eufórico por saber.
– Pues no somos “abiertos” como tal, más bien somos coquetos. Y sí, nos ven saliendo con todo mundo pero no son nuestros novios, eso ya es muy “avant-garde”. Solamente nos divertimos sanamente, un besito por aquí, uno por allá …
– ¿Me darían un beso los dos? – interrumpió Poncho.
– ¡Espera tu turno! – Mau guiñó el ojo, terminó su galleta y tomó la botella para girarla.
– ¡Vas tú, Barboncito! ¿verdad o reto?
– ¡Reto! – lo dije seguro, me erguí en el sillón, tomé un trago de mi deliciosa cuba y me dispuse a escuchar algún clásico reto retorcido por parte de Mau, él era el experto.
– Bueno, aprovechando la barba, y el frío que hace, vas a elegir a uno de los participantes y se la vas a restregar de forma SENSUAL en la cara por diez segundos … ¿A quién eliges?
– ¡A tu novio!

Todos se como que se despertaron, la decisión les tomó por sorpresa. Una grata y voyeurista sorpresa. Sabían que soy un jugador arriesgado.

Me acerqué a Robbie, él inclinó hacia la izquierda su cabeza, dejando libre su nuca. Su rostro estaba rojo como tomate, pero la pena no ocultó su emoción. Nos atraíamos. Lentamente pasé mi mejilla peluda por la suya, como para romper el hielo; rocé con mi mentón su nuca, seguí pasando mi rostro por el suyo al tiempo que el tiempo corría. Pude percibir su aroma, era intensamente dulce, quería morderlo.

– ¡Díez! ¡Ya, se acabó el tiempo! – exclamó Mau, quien nos veía atentamente mientras su cuerpo reaccionaba ante la escena.
– ¡Hueles rico! Como a galletas de vainilla – dije.
– ¡Toda la casa huele a galletas de vainilla, corazón! – replicó Pepe – ¡De nada!

Se alborotó el ánimo y Robbie giró la botella.

– ¡Yo te lo pongo a ti ahora !
– Yo sólo contesto verdades …
– Bueno, entonces dinos ¿A quién de los participantes quisieras echarte al horno ahorita mismo?
– ¡Huy, qué difícil! – tomó otro sorbo de cerveza mientas pensaba – ¡A Poncho!
– ¡Claro, a huevo! ¿Me sirvo otra o ya me meto al horno? – emocionado y con los ojos iluminados, exclamó.

Poncho se levantó de su asiento, fue a la cocina por más hielo, encendió un cigarrillo, se sirvió otra un poco más cargada y giró la botella.

– ¡Qué coincidencia! Tú me lo pones Pepe…
– ¿Verdad o …?
– ¿Qué dije de las verdades? Ya vayan pensando en mis retos, nada de “salir y gritar que se quemaron los frijoles” por favor.
– Bien … ¿Tienes frío?
– Poco.
– Bien … Levántate y, delante de todos, te abres la camisa, nos enseñas el peluche y los piercings que tanto se notan a través de la tela.
– OK.

Poncho se levantó, seguro de sí, se colocó de frente para que todos pudiéramos ver, se desabotonó la camisa blanca que traía puesta y nos dejó ver su pecho peludo y sus pezones rosas perforados. Estaban rígidos por tanto frío, pero no le importó. Llevó a la boca su dedo índice derecho, lo humedeció un poco y lo rozó contra las piezas brillantes de plata.

– ¡Ay, hasta “pilón” nos tocó! ¡Tú muy bien mi rey! – dijo Mau, quien ya empezaba a verse un poco sonrojado por el alcohol y el espectáculo.
– ¡Me toca girarla! – Poncho se sentó en su lugar, sin abotonarse la camisa.

Ahora le tocaba elegir a Mau.
Mau tenía una picardía nata, era “alma de la fiesta”. Es de esas personas con las que estás en una reunión y simplemente la aviva con sus comentarios y risa a carcajadas. Esa noche, aunque se sentía cómodo con la compañía de sus amigos, todos podíamos notar una tensión con Robbie (quien usualmente era muy callado hasta que se le subían copas). Nunca mencionaron el asunto, es cosa de pareja, abierta o cerrada, pero de dos.

– ¡Ajá! ¡Otra vez tú, pero ahora te lo pongo yo!
– ¡Pero no te pases Mauricio! ¡Ya te conozco!
– ¡Y todos a ti! Así que, tu reto será bajarte los pantalones con todo y calzón, y bailar como lo hacías en ese video que nos llegó a los celulares hace tiempo …
– ¡Ah no! ¡Eso ya está muy pasado de verga! ¡Estaba pedísimil, en un hotel, con dos nalguitas y …! ¡No! ¡Tan “así” no! – muy indignado, Poncho se terminó de un trago su bebida. Por dentro, todos sabíamos que era sólo un acto. 

Poncho es muy atrevido, pero no es irrespetuoso de ninguna manera. Es un “niño bien” en toda la extensión de la palabra, pero su vida sexual y sentimental fueron expuestas explícitamente por un ex, que de coraje y ardor, compartió vídeos íntimos de ellos involucrados en diferentes escenarios sexuales muy comprometedores. Como sus amigos, los vimos, pero no juzgamos mal a Poncho ¡Es normal! Todos tenemos sexo y aventuras, pero no todas son del dominio público de un círculo social tan grande pero tan reducido a la vez, como el nuestro.

Muy a su pesar, Poncho se sirvió otro trago, ahora de Whisky, derecho. Se levantó del sillón, se puso frente a todos nuevamente, se bajó los pantalones ajustados que llevaba junto con sus bóxers blancos, se dio la media vuelta y empezó a “bailar” como en aquel infame video.

Le gustaba ser el centro de atención, se movía a la cadencia de la música –que para colmo era una de esas calenturientas-, nos miraba de reojo mientras pasaba sus manos sobre sus nalgas peludas. Bajaba y tocaba sus muslos, mientras nos volvía a mirar a todos. Él estaba en el papel, se entregó al reto.

Fueron segundos quizás que se nos hicieron eternamente excitantes. Finalmente término su “número” pasando sus dedos por entre sus nalgas redondas y blancas, abriéndolas un poco y reventando nuestros pantalones muy discretamente; sopló un beso coqueto al aire, se subió los pantalones y se volvió a sentar.

– Bueno, total, ya me conocen en video en todas las posiciones ¡Ahora les tocó el show en vivo y a todo color! Me toca girar…

Todos estábamos prendidos. No podíamos ocultar demasiado la reacción de aquel baile provocativo. Menos yo, pues el pants no es el mejor amigo de esos momentos.

– ¡Te toca a ti Barboncito! ¿Reto o reto? ¡Hay que aprovechar la “el momento”!
– No, pues ya, reto…
– Muy bien, te vas a bajar también ese pants, y vas a pasar de izquierda a derecha de los participantes y como vulgarmente se dice, “se las vas a dar a oler”…
– ¡Ay no mames!
– Trataré de no…

Con toda la pena del mundo, me levanté, ya me sentía mareado, pero aún excitado. Era una prueba rara, sobretodo con ellos, pues si bien he estado en situaciones similares, no había sido con ellos que eran amigos más cercanos, ni con la luz encendida. Pero pasé. Me bajé el pants y todos notaron que no traía ropa interior. Robbie lo comentó, tímidamente pero todos lo escucharon.

Me puse frente a Poncho, quién se acercó y sentí su agitada respiración en aquel lugar. Fue un breve momento y nada más pasó. Luego me paré frente a Mau, quien lo tomó con una mano y cerrando los ojos, como aspirando un inhalador, jaló aire con una cara de satisfacción, terminó inclinándose hacia atrás. Robbie, que estaba muy pendiente, dejó ver su emoción también y sin pensarlo lo tomó con la boca. Sentí su calor fuerte y, también sin pensar, lo tomé por el cabello y lo empujé hacia mi. Mau nos veía sin pestañear. En un segundo, Pepe se acercó y, según él, para no perder tiempo, se unió a Robbie con un beso doblemente especial. Sentí ambas lenguas jugueteando entre sí y conmigo, sentí la mirada nerviosa y excitada de Mau y sólo escuché cuando Poncho dijo:

– ¡Ya cabrones, se lo van a acabar!
– ¡Lo bueno es que era oler, pero estos ya literalmente se la mamaron! – exclamó Mau, mientras se acomodaba apropiadamente.

Me subí el pantalón y fui a mi asiento. Moría de calor.

En un segundo pasamos de los retos a las verdades, para bajar un poco el ímpetu.

– A ver Mau ¿Qué es lo que más te gusta que Robbie te haga? – pregunté, después de girar la botella.
– Esa es difícil… Lo que más me gusta es cuando se pone unas calcetas de soccer muy largas, blancas con unas rayitas rojas y se tumba sobre su espalda en la cama levantando las piernas para que le coma …
– ¿Galletas? ¿Alguien quiere más galletas? – interrumpió Robbie, apenado por la confesión.
– Me gustaría probar esa galleta específicamente – susurró Pepe.
– ¡No es tu turno! Pero bueno, ya quemaste una de tus verdades y será un reto para ti por adelantarte – reparó Poncho.
– ¡Sí,sí, Pepe nunca acepta retos, ahora que se chingue! – dijo Mau.
– Yo se lo pongo – me aclaré la garganta y proseguí – vas a bajarle el pantalón a Robbie, y le vas a dar una buena mordida a sus “galletas”, para que no te quedes con las ganas…

Ambos, Robbie y Pepe, se sonrojaron a tal grado que no pidan respirar. Se conocían desde la preparatoria, tenían la misma edad y los mismos gustos. Eran buenos amigos pero no los mejores. Siempre habían tenido una química juntos muy especial, se atraían pero ninguno se interesó de manera tal en el otro.

Mau no era celoso, incluso él fue quien le propuso a Robbie que incluyeran más personas a su dinámica sexual, por lo que la escena no le incomodaría en absoluto.

Robbie se levantó, renuente por fuera pero dispuesto por dentro. Se bajó los jeans, pero dejó su calzón puesto. Era uno de esos “cacheteros” que realmente no dejaba nada a la imaginación. Le quedaba muy ajustado y acentuaba muy bien sus redondas nalgas.

Pepe se acercó y se agachó para estar a la altura correcta. Mordisqueó el resorte y lo dejó regresar, golpeando un poco la cintura de Robbie. Esto hizo que levantara más el trasero. Pepe lo tomó con ambas manos de las piernas y se hundió en su ropa interior. Ambos disfrutaban la escena, todos de hecho. Pepe mordisqueo cada lado como indicaba el reto y finalmente se levantó con una sonrisa enorme.

– ¡Estas galletitas huelen delicioso! Deberían hacer un Glade en tu honor.

Robbie se apenó mucho, pero sabía que ese aroma fuerte y varonil era uno de sus mejores atributos. Se sentó y no se subió el pantalón. Fue el primero de la noche en no hacerlo.

Pepe giró la botella. La boquilla estaba justo entre Poncho y Mau.

– Este va a ser reto doble. Ambos elegirán a otro participante para unírseles en un beso triple, después de haberse besado con mucha lengua por diez segundos.
– ¡Tú! ¡Vente pa’ca!

Mau se le acercó rápidamente a Poncho y sin pena, comenzaron a besarse. De verdad que usaron lengua. Movían la boca de forma tal que parecía un beso de película porno. Se tocaron las manos y al juntarlas me jalaron para unirme al reto.

Me encantan los besos triples, son muy excitantes y traviesos. Todo esta hecho para dos, pero cuando llega un tercero, la emoción también de triplica al sentir dos lenguas más que saborean la tuya. Los tres sabíamos lo que hacíamos, no era la primera vez de nadie. Nos conocíamos literalmente hasta las amígdalas, pues un tiempo salí con Poncho y Mau era nuestro dentista. Sabían a licor y cerveza, ambos besaban mi rico y apasionado; y aunque sólo era un reto de veinte segundos, quizás nos tardamos un poco más.

Pepe y Robbie nos veían con atención. Robbie sin pantalones mostraba su fascinación al ver a su novio involucrado en un trío de besos. Pepe, sin pudor ya, se sobaba por encima del pantalón mientas Robbie lo observaba de reojo. Por un momento sus rodillas se rozaron y eso creó otro momento excitante entre ellos dos. Pero no se dejaron llevar por la escena y ambos mantuvieron todo cubierto – aunque expuesto de alguna manera.

Nos juntamos de manera tal que sentíamos el cuerpo de los otros y sus respectivas reacciones. Mau, impulsivamente, llevó su mano por debajo de mi pants y pudo sentir lo húmedo que ya estaba. Poncho lo notó y metió su mano también. El libre acceso les permitió estimularme de manera tal que, aún a punto de explotar, los retiré muy a mi pesar y así si por terminado el reto.

– ¡Bravo! De verdad bravo … – suspiró satisfecho Pepe al ver el éxito de su prueba.
– Yo no sé ustedes pero yo me voy a quitar el pantalón, ya me aprieta mucho – dijo Poncho, al tiempo que desenganchaba su cinturón y se deshacía del ajustado pantalón. 

Sus calzones blancos de lycra marcaban perfectamente todo, incluso se transparentaba la parte más abultada por tanto lubricante que emanaba de ahí.

– ¡Ya los extrañaba cabrones! De verdad que con ustedes siempre la paso de lujo, porque estamos en confianza ¡Y se que nadie me va a grabar! ¡SALUD! Yo la giro ahora…

Me tocaba preguntarle a Robbie, pero no se me ocurría nada tan revelador para hacer o contestar.

– Ya todos hicimos algo, ahora todos vamos a contestar algo ¿A quién de nuestros amigos conocidos en común que no esté aquí, se quisieran echar fuertemente?

Mi pregunta era aparentemente fácil, pero generó una buena discusión. Poncho, sin pensarlo tanto dijo:

– A “Leoncito” … El de los “PopBears”.
– ¿Ese quién es? – preguntó Mau.
Leonardo, es de la bolita de los “populares” del bar, uno de un novio que está ¡Delicioso! Raúl, creo que se llama así, le dicen “Rul” – contestó Robbie.
– ¡Ah! Claro, ya… No ubicaba bien el nombre pero sí, esos dos…
– ¡Y su amigo, un norteño grandote! – agregó Pepe – se llama Dominique, “Nique”, le dicen.
– ¡Sí! Todos ellos… ¡Directito al horno! – dije con emoción, como si nos lleváramos de pellizco y nalgada.
– Pues para la otra, los invitamos, todos aquí en privadito y hacemos una convivencia más ecléctica ¿no? – concluyó Poncho. 

Eran las 3:30 de la mañana, el frío ya no se sentía tan duro. Ya casi nos acabábamos la reserva de alcohol y, la verdad, nadie saldría en esas condiciones a comprar más.

– Bueno, ya para acabar con el jueguito, los que faltan, tómense un Whisky derecho y bájense los pantalones, para estar todos igual – propuso Robbie, quien ya estaba muy acalorado y sin inhibición alguna. 

Pepe y Mau accedieron de inmediato. Mau tenía un pantalón de vestir algo apretado, del cual se deshizo en un pestañeo. Su ropa interior era una trusa negra que dejaba ver su prominencia en esplendor. Mientas que Pepe, un poco apenado, se bajó el pantalón de mezclilla para quedar al descubierto un jockstrap muy deportivo y que dejaba lucir su redondo trasero.

– O sea, tú casual, sábado en la noche, en tu casa, horneando galletitas ¡En Jockstrap! – exclamó Mau.
– Pues sí, ya ves, así de útil y puerco a la vez.

Yo no quería bajarme el pants porque no traía ropa interior e iba a estar en gran desventaja. Una fiesta de “calzones” casual, se convertiría en una nudista intencional.

– ¿Tu qué? ¿No? – preguntó Poncho mientras sostenía su última copa.
– Es que…
– ¡No trae calzones! ¡No trae calzones! – dijo Mau, con su clásico tono “molestón”.
– No, no traigo, y si me quedo en pelotas es solamente por que ya me iría a la cama…
– ¿Y cuál es el problema? ¡Vámonos todos a la cama! – propuso Poncho, muy emocionado.
– Pues vamos…

Nos levantamos de la sala, apagamos la luz, subieron hacia la habitación, mientras yo me quitaba los pants en la escalera.

-Elesban Espinosa

All About The Mouth

Life is all about the mouth, what comes in and goes out” is my motto.
It does not only have a ring to it, but it resumes pretty much a big part of my life.
By the mouth I’ve become who I am – both physically and mentally – and I truly believe that having the ability we have as humans with our mouths is what makes us unique and chaotically one of a kind among all species.
So here’s the complete poem to it, originally conceived in English for the very sound of the words.

Elesban Espinosa.

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Treinta y Dos

A mis treinta y dos años, hay algunas cosas que he querido decir y no he podido por alguna u otra razón. Por eso, relevantes o no, aquí están y si alguien las lee, me conocerá mejor; si se relaciona con alguna en especial, pues tendremos algo en común.

1.- Últimamente, mi concepto de “Dios” ha estado con constante cambio. Creo, pero no creo. Creo que existe, pero no como queremos – o como me lo enseñaron desde niño.

2.- Extraño a mis papás, a mis hermanos y sentirme en una familia equilibrada; feliz recuerdo que algún día así fue.

3.- El amor me llegó de sorpresa y cada día que ha pasado, ha nutrido gran parte de mi ser. Hace ocho años no habría imaginado tener y disfrutar una relación así de estable. Sí se puede tener, definitivamente.

4.- Soy fijado en detalles, a veces absurdos. Doy la imagen de que me gusta el drama, cuando en verdad lo repudio. Mientras más simple sea mi vida, mejor, sin perder de vista que incluso lo más pequeño es a veces lo más importante.

5.- Ya tengo iPad y no la uso tanto. ( https://elesbanespinosa.wordpress.com/2013/02/21/no-tengo-ipad/ )

6.- Vivo donde quiero, aún no hago lo que quiero.

7.- Si fuera una droga, el queso en cualquiera de sus formas, sería como “mi cocaína”. Y para esta adicción no hay clínica.

8.- Traté de buscar nuevos amigos, encontré en la mayoría de los casos que si me caso, entonces no quieren tener nada que ver conmigo.

9.- Algo o muy bueno, o muy malo debo tener. Usualmente me siento como en medio de un desierto, sin saber a dónde ir y eso le pasa a los genios o a los estúpidos.

10.- De Puebla extraño la comida, saber a dónde ir por algún antojo – de cualquier tipo. Extraño su cielo azul, los volcanes con nieve y con las siluetas que sólo vistas desde ese lado, asemejan a su leyenda; pero nada más. Nada.

11.- Creo en la suerte. Naces con o sin ella. Creo en que haya quienes intentan obstruiría mágicamente, aunque de la misma forma creo que puedo identificar a esas personas y mantenerlas a una buena distancia, porque soy mágico también.

12.- Ya viví un “divorcio”. Fue de mis padres, más no el de ellos como pareja precisamente. Fue doloroso, devastador y triste.

13.- Me importa lo suficiente el “qué dirán”. He vivido años bajo su sombra, una que me ha dejado solo en muchos momentos.

14.- Dejar de ser quien soy y cortar mis verdaderas formas con el afán de “encajar” nunca ha resultado la mejor opción.

15.- Conozco el sabor de la traición, me lo tuve que tragar sin más. Guarde su esencia y sabor para acordarme bien de jamás darlo a probar.

16.- Me daba miedo que un cristal se hiciera pedazos en mi cara. Me sucedió ya y el miedo ese sigue ahí.

17.- Siempre he querido un tatuaje. No he encontrado aún alguna parte de mi cuerpo en donde en verdad me lo quiera poner.

18.- ” Creo que alguna vez fui infiel, juego mal hasta el Parqués …” Y me baño todo los días sin falta.

19.- Soy diplomático pero no hipócrita. La sonrisa me brota a placer, no a compromiso.

20.- Nunca me he vengado de alguien, y no por falta de ganas o de alguien, sino por exceso de conciencia.

21.- Soy clasicista y racista, trato de respetar a todo el mundo aunque exasperen mis nervios.

22.- No creo en el matrimonio, pero vivo en una relación que se le parece mucho. Creo más bien en el compromiso. El otro, con todo y papel y juramento, es al final innecesario.

23.- Temo que de tener hijos, puedan arruinarles la vida mi necesidad de ser padre, junto con la intransigencia de otros.

24.- Me molesta que la gente tenga mascotas – aunque las cuiden bien – pues supongo que sí fuera al contrario, me encantaría escuchar su opinión acerca de estar ahí encerrado, cautivo y listo para entretener.

25.- Cuándo beso, beso con los ojos cerrados. Cuando veo, veo directo a los ojos.

26.- Soy parecido a tantos, pero tan diferente a todos. Soy el que parece y no es. El que es lo que en verdad pocos saben y ven.

27.- No creo en las amistades eternas ya, creo que somos arreglos convenientemente temporales.

28.- No me da miedo morir, me da miedo que duela.

29.- Aprendí a perdonar desde el fondo, pues en el fondo realmente siempre he estado en pie.

30.- Cuándo me vaya, que me velen con música y que ofrezcan buena comida; luego que me cremen y me pongan para llevar, por favor.

31.- Nunca he estado solo, pero sí me he sentido solo y eso es peor.

32.- Las altas expectativas y la ilusión del control es mejor que las deje atrás, antes de que me sigan quitando la paz.

– Elesban Espinosa

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